Biografía
Iván Gómez, CORO/FALCÓN – 1988, estudia
Lengua Literatura Y Latín en la universidad nacional experimental “Francisco
De Miranda”, ganador del premio HONOR AL MERITO ESTUDIANTIL 2010 en
el área “artístico-cultural”, obtuvo mención honorifica GÉNERO NARRATIVO en el
concurso “José Rafael Álvarez” UNEFM, integrante de la Cátedra libre de
literatura Agustín García, fundador del grupo de teatro Aquiles Nazoa,
tiene un libro de narraciones inédito: “Para Contar-Les” algunos de sus
relatos han sido publicados en diarios y revistas regionales.
Caminos
Cada vez que Abril atravesaba el
bosque tomaba el camino equivocado, su hermana, Lourdes, le señalaba el camino
correcto pero Abril siempre lo dejaba de lado y se desviaba. Un día, Abril
recordó ir por el camino correcto y más nunca se supo de ella.
Difuso
Todas las noches me pasa, tan
sólo escucho resonar el corazón que fuertemente retumba entre las paredes,
golpea al mismo ritmo que las aguja, éste corazón orquesta el ladrido de un
perro noctambulo que agota la luz, poco a poco ahoga la luz. Tan sólo escucho
resonar el corazón de los parpados cansados, todas las noches me pasa.
El Almuerzo
A Cristina,
María Angelica
Luis Daniel y Evelio
Días atrás día nos sentábamos en la mesa y esos
eran los minutos más inquietantes para mí, todos los días mi viejo se quejaba
de sus bolsillos vacíos, era muy mal pagado y con el tiempo su carácter se
había tornado algo lerdo, papá trabajaba en el sanatorio del pueblo, cuando
cesaba su alegato llorón de todos los días no quedaba más que dar gracias a
Dios por los alimentos recibidos, entonces mamá ponía en los platos de mis
hermanitos carne, mucha carne, para que saciaran el hambre que diariamente nos
atacaba, mi madre lloraba y yo no entendía por qué, pues, había comida en la
mesa, pero mi padre metía las manos en nuestras vajillas y nos quitaba una
porción, nos decía que deberíamos guardar un poco para mañana, porque la gente
del pueblo se estaba quejando mucho de los cuerpos que salían incompletos de la
morgue del sanatorio
Está escrito
Todos imaginábamos que algún día ocurriría esto,
siempre nos dijeron aquella frase, −está
escrito−, y por eso todos, sin
excepción sabíamos que ocurriría
La
demora
Noel, se retrasó tanto que cuando
llegó encontró a la Tarde agotada, cansada, con arrugas y canas. La Tarde lo
esperó tanto que se quedó dormida junto al Después, ahora ambas se parecen
mucho y Noel las confunde con el Ayer.
Tener lo
que no tiene nadie
Si, él es mi amigo, Samuel, el
del cabello largo y pequeñas pecas en el rostro, él tiene algo que nadie tiene
y eso lo hace único, también a mí porque soy su amigo, entonces los dos somos
únicos gracias a eso que el guarda en su billetera, yo aún no sé lo que es, no
quiere mostrarme que cosa es, me perturba la sensación de tener bastante
cerca eso que él esconde, no poder enterarme de lo que es, ¿Qué
será?, desde hace mucho Samuel tiene problemas por eso que esconde, su madre lo
echó de casa en cuanto supo lo que guardaba en su billetera, buscó donde
quedarse pero sus abuelos no pudieron aceptarlo en el pequeño apartamento donde
residían, le inventaron once excusas para que no se instalara, los ancianos ya
se habían enterado de lo que guardaba Samuel en su billetera, luego fue su
novia, quien no tardó en mandarlo al diablo. Samuel me citó a la cantina que
estaba a las afueras del pueblo, decidí ir porque lo noté algo desolado,
al llegar al bar pedimos dos tragos, Samuel, sacó su billetera para pagar y al
abrirla en cantinero vio lo que guardaba ahí, aquel hombre se enfureció y
golpeó salvajemente a Samuel. Regresábamos del pueblo después de aquel
incidente, algo débiles, Samuel, miraba el suelo mientras caminábamos, yo no
dije una sola palabra en todo el camino hasta que la voz de Samuel
irrumpió la calma que traíamos, me dijo lo que pensada mientras me mostraba lo
que tanto protegía… Y yo, con gran alivio le dije que pensaba lo mismo
El
mejor de los días
Te ví de reojo
sentada en la mesa, vestías de blanco, me plantee compararte con un ángel pero
tu amargura devastó toda posibilidad, un grillo destripado alivió la
prospectiva realidad de mi sueño mientras el 0-800 de la tele me hace una
invitación indecorosa. Evaristo me dijo: Las medallas son chapas de hojalata. Las banderas son
trapos de colores. Que fui, que vine, que voy o me quedo, que nada es casualidad, que
Benedetti es de izquierda, que Vargas Llosa es reaccionario… me importa poco.
Un amigo se preocupa por planchar sus pantalones, otros no cambian la franela
negra y Cristina, su bandana y falda son un abstracto conflicto para su género.
¡Fraude con patas! Me gritaron, a la final no me interesa, mi primera
vez fue con una prima y ella no se acuerda; y eso es peor que lo qué me digan.
Ando en interior por la casa aun cuando hay visita y me da igual; a Jesús en la
cruz solo le ven sus abdominales y hasta algunas monjas pretenden burlar su
vestimenta, bueno, a mí se me critica porque no soy Mesías y entonces tengo que
vestirme.
Una mañana abrí la
nevera; tenia pescado, huevos, queso y algo de hortalizas en el cajón, tenía
flores sobre la platera, no me bañé para salir porque el día anterior lo había
hecho, no quise gastar jabón y mucho menos mojar la toalla, llegué a clases y
con mal aliento me acerqué al profesor para que luego me evitara. Al salir
invité a un amigo para no tener que almorzar solo, el chofer del bus algo
obstinado, sus uñas tenían mugre y el las disfrutaba mientras manejaba,
llegamos a casa y ¡maldita sea!; el pescado, el queso, los huevos y las
hortalizas solo eran los iconos de la nevera, y las flores en la cocina eran
figuras grabadas en los platos.
¡No me jodas! Yo no
soy guionista, ni me quiero parecer al pajuo de Padrón, yo no hago poesías; yo
nada más escribo dormido, yo no tengo un sobrino pero mi hermana tiene un hijo;
le gusta la fantasía y no conoce el cannabis, él se conforma con el unicornio,
la escoba voladora, el duende y el hada. Tenía sueño y preparé un café, en el
fondo de la tasa nadaba una mosca y en lugar de azúcar agregué sal, me acerqué
a la ventana y un señor con cuerpo de tripas escurridas cantaba sin separar sus
dientes, entonces pensé y me dije; creo muy poco en usted, creo muy poco en las
palabras, creo más en lo que veo, creo más en lo que soy… soy nada.
Evento Inesperado
Hay dagas en mi mente con razón de perversión, son las 9:01pm, qué espanto,
qué pasa abajo… ¿serán los gatos? ¡No quiero bajar! La muñeca mística de yeso
no deja de mirarme, quiere culparme de algo, no la soporto. Me alegra que hayas
venido, la noche estaba negra sin tu estampa, espera, no te marches maldita
luna! Estoy pensando en un difunto Sr. Feliz. Ruidos en la cocina; el agua
retumba en los vasos, soy una cruz de miedo, tengo una llaga en mi rodilla;
hundo mis uñas, la hurgo, me ultrajo mientras un velero se estrella en mis
oídos y decapita mi valentía… no quiero bajar.
-¡Te
divertías! Admítelo, zorrita -tengo que deshacerme de ella- hay delfines,
saltan de la puerta al armario, -¡cállate!-
Ya no hay sitio para ti en esta mesa gracias a tu amante. Evoco tardes
en las que demolíamos todo lo de la mesa para revolcarnos, luego salías con tus
zapatillas en las manos. Necesito un arma, con una bala es suficiente. Esperaré
que germine el sol para bajar…tengo miedo.
Todavía
estás allí donde te dejé, Daniela, ya salió la estrella y estás allí, firme
como un soldado, con tus manos en los muslos, sólo que tus pies están arriba y
tu cabeza en el tanque de agua… volveremos a estar juntos en cuanto este sonido
espante las mariposas de nuestro jardín. Poffs.
Cosas
como esas escribía Juan, también me comentó que:
“Suecos y collares con
anatomía de almendras reflejan la
vanguardia púrpura y profunda ante la rosa del museo, algunos cuadros ojean que
la felicidad es utópica, otros expresan lo mediocre de sus creadores. Hay
esculturas desnudas de cualquier meollo, imposibles de comprender. Las puertas
del museo están abiertas en horario cómodo, pero evidentemente quienes aprecian
el valor de las piezas que en él se encuentran son quienes lo visitan estando cerrado. Hay un
día en la semana en que se destella de él una voz, una voz tediosa a la hora de
figurarla, todo intento de dibujarla es extremo barbarismo porque esa voz
destila verdades de mentiras, locuras y sarcasmos que disfraza con un frívolo estiramiento
facial. Su ondulado y castaño aliño le hace falta a la fuente, para que su
estética función hídrica despierte asombro…”
Juan me comentó esto días atrás antes
de pasar lo que pasó, me habló también de la revolución con sus grietas y claridades,
de forma sarcástica se burló de las personas que comen doce uvas antes de media
noche el 31 de diciembre. La semana pasada
sus padres y él fueron a una
fiesta, el no quería ir, prefería quedarse en la casa de Luís Gerardo a jugar
cualquier cosa.
-Papá y mamá toman mucho y
cuando se emborrachan no saben en buena tinta el camino a casa, se cubren con
la estupidez, sus palabreos son sucios y ofensivos, la última vez que tomaron
me dejaron olvidado en la casa donde se daba la fiesta-. A Juan la gustaba el metro y sus
instalaciones, las edificaciones, el viaducto de la ciudad, quería ser
ingeniero. La música estaba alta, todo en ánimo, los amigos, aguardiente por
montón, no había lugar para la preocupación esa noche. La brisa fría tocó el
cuerpo de Juan la noche del reventón en el apartamento de su tía.
-La plaza en la entrada del
edificio fue el escenario de los hechos, donde quedó todo y a la vez nada- fueron las palabras de una
muchacha testigo esa noche en la que sentada en una banqueta la blanca sombra
movilizo sus cabellos en milésimas de segundos, declaró a las autoridades que
lo que escuchó fue lo más parecido al sonido de un saco de arena –poffs- luego los gritos de espanto en
el piso atacaron la idéntica brisa fría que tocó el cuerpo de Juan, quien
investigaba los canales por donde pasa el agua. No quería empapar el pavimento
con sus lágrimas y buscó drenar su llanto, lloraba constantemente, debido a su
intensidad nostálgica, entraba en éxtasis y su dolor lo derramaba sobre blanco,
a veces imaginaba la muerte de su madre para encontrar así horror y lograr
ciertas imágenes para argumentar sus cuentos,
por eso trepó a la azotea. En sus mejillas encontraron un color rosado
fruto de la sangre que fusionó con sus lamentos, también un mapa que dibujaba
claramente las manos de su padre a quien pocos minutos después encontraron
dormido en la azotea desde donde descendió Juan. ¡Quedó irreconocible¡
explicaba la gente.
Luís Gerardo, su amigo, no
fue al velorio, me contó que quería recordarlo como era. Esta mañana del día
lunes al comenzar la clase sus compañeros lloraron, nadie quiso ocupar su
espacio en la fila, tampoco sentarse en su pupitre, Juan tenia 14 años y
estudiaba 9no. yo salí más temprano, no tuve que esperar que el terminara de
copiar.
Primera plana
Les atendí toda la noche eran dos hombres,
uno de ellos estaba de espalda y por más que intenté no pude ver su rostro, los
dos hombres brindaban y fumaban algo agitados mientras conversaban aquí, en este
Bar, ahí, en la mesa que está junto a la Rockola pasaban las horas y los dos
hombres reían. Demetrio, ese era el nombre de uno de ellos, lo sé porque así lo
llamó un joven que se acercó para saludar y éste lo ignoró. Demetrio pidió una
botella de Aguardiente y para su acompañante a el que nunca pude verle la
cara momentáneamente pedía cerveza, casi amaneciendo, Demetrio y su
acompañante se notaban ebrios, los dos lloraban abrazados en aquella mesa que
dolor tan grande expresaban los dos hombres, el reloj sobre las copas y los
vasos no detenía su cabalgar en el tiempo, acabó la noche y los dos hombres
salieron tambaleándose de un lado a otro con el Sol a cuestas, les custodie el
caminar con la vista hasta que ya en la esquina no pude verlos desde la puerta
del Bar, fueron los últimos clientes en irse. Agotado totalmente por el trabajo
el cuerpo me reclamaba descanso y cerrando el Bar el periódico llegó, ahí, en
primera plana, la noticia de dos cuerpos encontrados, podridos, fijé la mirada
en la mesa que ocuparon los dos hombres, la que está junto a la rockola y en
ella sólo había un vaso, una botella y una silla, mis ojos no podían creer lo
que estaban viendo y volviendo mis ojos al periódico detallé en la fotografía
el cuerpo de Demetrio y a un lado el mío.
Oscuridad
Disfrazada
No ensucies la ropa
cuando juegues, -la voz de mamá- .
Llegó la noche y después de comer en la mesa, todos hablábamos; mamá, de algo que
le sucedió a la vecina, papá comentaba sobre su día de trabajo, mis
hermanos y yo de cualquier cosa. Era
inevitable que el lineamiento habitual o natural que se regia en ese momento,
en esta parte del continente y en esta ciudad no nos correspondiera, la noche
es para dormir, no se sea cierto, pero al ahogarse el sol la costumbre es
soñar.
La emisión sombría ha sumergido a todos
en el sueño y yo no escapo de ello, sofocante calor espeso sobre los cuerpos en
la humilde morada del barrio, tres cuartos y un baño; el primero para mi
hermana, por aquello de que debía tener su propio espacio siendo la única mujer
entre hermanos, el segundo para mis hermanos y yo; un sumario de malas palabras
y un cuarteto de malcriados, y el tercer cuarto de mis padres. La luna estaba clara,
me di cuenta cuando salí a orinar en el patio, era un poco mas de las 1:00AM y
no sentía miedo de salir solo, detrás de esa casa en la parte superior vivía
Jadra, una niña árabe que me custodiaba todo los días a la escuela, su ventana
sin persianas delataba toda intimidad en su hogar, podía ver desde mi patio que
estaban cocinando y hasta qué página del periódico leía su papa. Sin camisa y
descalzo entre nuevamente y en ese mismo instante la electricidad fallo, se
declaró ausente ¡se fue la luz! Dije,
caminé por el pasillo hasta llegar a la ventana que daba a la calle, la abrí y
la luna clara reflejó el pavimento vació, solo hojas que pidieron exilio a los árboles
adornaban los canales por donde pasa el agua cuando llueve, el calor cada vez
mas vivo.
Llegué a mí cama, intenté no hacer ruido
al apoyarme, era casi imposible, el compás de la respiración, los tendones de
mis tobillos y las rodillas resecas, mas la vejez de la cama corearon un ruido
descomunal, cualquier paso se lograba escuchar. Después de treinta minutos de
dar vuelcos en la cama me sorprendió una sombra en la moldura de la puerta de
la habitación, un niño, no supe ver sus ojos, parecía la silueta de mi
hermanito, la estatura y la forma del cabello me afirmaron que era el, no me
alarmé, pensé que buscaba dormir mas cómodo a causa del calor, entonces lo llamé
y en ese instante salió corriendo, no se escucharon sus pasos, tampoco ninguna
puerta al abrir o cerrarse, se esfumó y escuché una risa infantil, deduje que
todo era fantasía producto del agotamiento o una ilusión óptica. Regresé a la
cama, me senté y lo vi caminar otra vez, el miedo me atacó, fui buscando
respuestas y revisé las camas, todas estaban ocupadas, mis hermanos estaban
dormidos pero al entrar al cuarto de mis padres
el niño estaba inmóvil en una de las esquinas de la cama, una riza
diabólica y tenebrosa paseaba en el aire, comencé a gritar para levantar a mi
familia, sacudiéndolos con empujones, no respondían, estaban muertos, sin
respiración, desesperado salí al patio y mi vista en ángulo perfecto visualizó
en una soga el cuerpo del padre de Jadra, con los ojos blancos, moscas que correteaban
en su nariz y chillidos con alto dolor que salían de aquella pieza, de pronto
el espacio físico se detuvo, el terror que me equipaba me sacudía interiormente,
luego todo se ilumino en blanco, todo blanco, mucho frío mientras la voz del
padre de Jadra en irrebatible muerte recitaba una oración;
Rupestre es la calma perturbadora de
cabillas que traspasan los parpados de la muerte; voy a morir lentamente, voy a
evocar tú figura miserable, esa que
brota de esta falsa poesía.
¡La muerte muere si estando viva tú la
asesinas! ¿Entonces, qué esperas? Yo soy
vida, Mátame dos veces y has nacer a luces y miedos un nuevo yo.
Ciega Luna que buscas almas inocentes,
solicita la fragancia hecha cenizas de mis ancestros y purifica el desdeño de
rencor en esta cuerda, que mi peso y mis pies en el aire arañen el intento nulo
de retroceder, que mis dedos en nato desespero desmayen y mis ojos blancos
dejen de buscar luz, y que mañana todo sea culpa de la botella vacía sobre el
colchón.
Mi madre me despertó
con la noticia… ¡se suicidó
el padre de Jadra!

El Almuerzo está buenísimo! sin pagadera de prota ni nada!
ResponderEliminarel Almuerzo estuvo bueno. Duro, y con el canibalismo como tema que siempre inquieta al subconsciente...!
ResponderEliminarcaminos estuvo genial, me ha gustado mcho *.*
ResponderEliminarBuen provecho a todos porque El almuerzo esta bueno oyó. es corto pero dice todo.
ResponderEliminarHola Ivan, hacer microcuentos no es fácil, así que te felicito. Te invito a almorzar. Abrazos!
ResponderEliminarEpale Ivan tu sos muy bueno escribiendo, Caminos es muuuy bueno, es dificil lograr impacto con tan pocas lineas. Evento inesperado me gusta mucho, je je porque a mi también me gusta jugar con las narraciones intercaladas, uno demuetra que puede contar lo que uno quiera y como a uno le venga en gana je je. Eres buen escritor Ivan, sabes que es asi ;).
ResponderEliminarJesus A.lugo
Epa, me agrada mucho esos finales inesperados que logras en la mayoria de tus relatos. El almuerzo,Primera plana, evento inesperado! Muy buenos!
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