Mi
nombre es Luis Alberto, nací el 8 de mayo en Coro y desde ese día esta ciudad
conserva inéditos mis secretos, estudio en la UNEFM lengua y literatura,
carrera que me indujo a descubrir el arte de plasmas a través de palabras
bellas lo que se siente y lo que no. Creo
en Jesucristo con todo lo que me compone y descompone. Me gusta la literatura,
la fotografía y el futbol. En ocasiones agarro un lápiz una hoja y escribo
algún cuento o poema, pero creo que mis mejores cuentos y poemas los he escrito
con un balón de futbol.
Garza blanca
Me hice parte de la monotonía. Una garza mide entre 88 a
104 centímetros. Era igual a todos los demás.
Su plumaje es blanco todo el año.
El vicio me encerró y me hice colega de los que no son todos. Pueden llegar a
pesar 1 kilo. Como del favor de las personas. Se alimentan de peces y anfibios
que logran atrapar. Duermo solo y en donde me consiga la noche. Ellas duermen
en agrupaciones considerables. Me la paso detrás de mis colegas y ellos detrás
de mí. Se les ve solitaria o en congregaciones que pueden contar con cientos de
ellas. Eso depende de quien la botella. Uno de ellos mato a otro. Las patas son
largas. Yo me fui para no declarar nada. El pico es
largo, relativamente agudo y puntiagudo. Llevo tiempo en este círculo. El nido lo construye sobre todo tipo de
vegetación; hierva alta en la orilla de los estanques, manglares y árboles. Una
vez lo rompí y entre en un centro de rehabilitación. La nidada consiste de 1 a
6 huevos color celeste o azul pálido verdosos. Duré como 2 meses, cuando salí
me sentía bien. La incubación toma unos 25 días y es efectuada por los dos
padres. Pero cuando una gota de alcohol volvió a tocar mis labios me puse peor. Se valen por sí
mismo a la sexta semanas. Hoy mi piel
está cambiando de color se está poniendo blanca. La humanidad aprecia mucho a
las garzas blancas. No por lo que hizo Michael Jackson ni Sammy Sosa, es por
una enfermedad. Por su belleza y naturalidad. Sé que puedo morir por el
vitíligo, vicio o el hígado, pero hoy espero que en la otra vida pueda ser una
verdadera garza blanca.
La gata negra
Kevin
salió de su casa como siempre a las
12 de la noche a fumar en la esquina. Luego de culminar el segunremodo cigarro
decidió entrar de nuevo. Cuando ya casi lo hacía se dio cuenta que por la otra
esquina caminaba de forma encantadora y misteriosa la gata negra. Él se detuvo
a observarla por un instante hasta que la figura desapareció en la oscuridad.
Al día siguiente Kevin volvió a salir a la
misma hora a fumarse algunos cigarrillos para despejar su mente, se sentó en el
muro de la esquina y cuando encendía
unos de los cigarros se dio cuenta que la gata negra estaba parada en medio de
la calle observándolo, él conecto su mirada con la de ella, la mirada de ella
le insinuaba cosas. Pero Kevin tenía un poco de medio porque nunca había hecho
tal cosa, así que se levantó y entró rápidamente en su casa.
Al otro
día demoró en salir, la noche estaba más oscura y él no quería encontrarse de
nuevo con singular figura, pero la ansiedad de fumar lo indujo hacerlo, agarró
los fósforos, algunos cigarros, abrió la puerta y salió. Volvió a sentarse en
el muro, cuando ya fumaba y se relajaba, escuchó los voz excitantes de la gata
negra que simulaban sus celos, Kevin volteó su mirada lentamente hacia ella y
detalló la desnudez de su figura la cual lo invitaba a desaparecerse en la
oscuridad de su piel, él cedió a tal propuesta y desde ese momento lo único que
queda de él son los fósforos y los cigarros que dejó olvidados en la esquina de
su casa.
La muñeca
Días anteriores algunos niños del barrio elevaban
volantines cerca del poste de la esquina, sin querer un volantín quedo enredado
entre las cuerdas y un pedazo del rabo cayó en el tubo donde se coloca el
bombillo.
La muñeca había sido un obsequio de la tía Sara. Ella
venía en una caja rosada, que con el tiempo se convirtió en una especie de prisión. La niña Francis al
recibir el regalo se alegró mucho porque agregaría una nueva muñeca a su
colección, agarró la caja se dirigió a su habitación y la colocó en un rincón.
El fabricador de la muñeca la hizo de tal forma que
simulara una bebe de varios meses. Ella tenía un vestido rosado; sus ojos eran
azules, no tenía cabello, sus extremidades están hechas de joma al igual que su
cabeza, el cuerpo era de algodón y tela blanca, y para darle dinámica le
implantó en el estómago un mecanismo para que cuando se le apretará pronunciara
las frases: hola mamá, dame tetero y por ultimo un llanto que no cesaba.
La muñeca ya en el rincón observaba que su dueña tenía
varias muñecas desde ese lugar veía a las chicas Bratz, a las Barbies, a Poli,
la Sirenita, Campanita, las de trapo, la que cocina, la que baila, la que
canta, entre otras.
Luego de varias semanas la muñeca permanecía inmóvil en
el mismo rincón donde fue colocada. En varias ocasiones la niña Francis entró a
jugar con las demás muñecas pero a ella ni la miraba.
Un día ya de noche esta muñeca que había sido olvidada
decidió irse de esa casa donde no le daban uso y emprendió la aventura de
fugarse. Como pudo abrió la caja, bajo hasta el suelo y gateo hasta la puerta,
por fortuna o desgracia estaba abierta, nadie la vio salir. Ya afuera de la
casa seguía gateando lo más lejos posible.
En el camino tratando de esquivar algunas piedras se
golpeó el estómago y enseguida pronuncio la primera frase “hola mamá”; cerca de ella no se encontraba nadie que la
escuchara, solo un perro que al verla se le acercó. Ella se quedó estática para
que el perro no le hiciera nada, sin embargo eso no impidió que el perro al
tratar de jugar con ella le arrancara un brazo con todo y el vestido que
cargaba.
Ese día a temprana hora había llovido y por lo tanto las
calles están llenas de agua y barro. Luego que la muñeca había quedado mocha
siguió gateando varios metros más hasta llegar a la esquina donde estaba un
poste, al llegar al el intentó subirlo pero resbaló, al caer se ensucio de
barro y se golpeó el estómago por segunda vez, entonces, pronunció la segunda
frase “dame tetero” pero nadie la escucho.
Volvió a intentar subir al poste cuando ya iba por la
mitad su figura se reflejó en un charco de agua que había debajo de ella. Noto
que estaba sucia, desnuda y de paso mocha eso la hizo sentir un amargo dolor,
subió un metro más y se amarró al cuello un pedazo de rabo de un volantín que
había quedado enredado en el tubo donde se coloca el bombillo. Se dejó caer y
el impulso hizo que se golpeara por última vez el estómago pronunciando
así un llanto con no cesaba.

Muy bueno tu cuento de La Muñeca, algún reflejo de la miseria humana... que termina con un trágico final acompañado de ese llanto que no cesa ¡Excelente!
ResponderEliminarAnakary Vásquez