Biografía
Luis Daniel Ramones, Nací el 20 de julio en un PUNTO FIJO del que tantas veces me he ido y al
que siempre regreso. Licenciado en Lengua y Literatura y maestrante en
Orientación Educativa, aunque lo que soy es cerrajero. Casado con la literatura, amante del cine. Creo
en el béisbol y sus dioses y en el rock and roll como filosofía de vida, adicto al parley sin las más mínimas intenciones de ir a rehabilitación (esa vaina no funciona). Me juego la vida"runlain"... Salud!
Sueño:
Sueño con
ser el organizador de un evento de literatura y que los políticos más
importantes del país me llamen para jalarme bolas, para pedirme que les dé
inclusión y participación en el evento. Sueño con que me contacten por todas
las vías posibles y que yo les responda siempre que lo que deben hacer es lo
siguiente:
- Enviar tres cajas de cerveza Polar Pilsen (con sus
respectivas bolsas de hielo c/u) y dos
pizzas extra grandes con pepperoni que jode todos los viernes a mi casa.
- Dejar cuenta abierta en El
Saco (conocido burdel de mi ciudad, awww… El Saco!) para que una comisión
perteneciente al equipo de logística del evento altamente calificada y entrenada
en la selección de putas, es-COJA las “demonias” más aptas para acompañarnos
durante la deliberación necesaria para determinar si los llamamos o no.
- Una vez cumplidas las dos
máximas anteriores estar pendientes del teléfono porque seguramente los
llamaremos para… decirles que se nos acabaron las cervezas y deben traernos un
par de cajas más con su respectivo hielo.
Sueño con que cumplan las
tres exigencias y que entiendan que el sexo y al alcohol son los más
importantes tópicos que mi muy jodido cerebro necesita como incentivo para
intentar filosofar y tomar decisiones estúpidas de las que muy seguramente
jamás me arrepentiré. Sueño con hacerlos arrechar, sueño con no incluirlos
jamás en mi evento y decir pública y abiertamente que me importa una soberana
mierda si apoyan mi evento o no. Sueño con que todo esto sea cierto.
Ya es
tarde
(leer
escuchando Wasting Love de Iron Maiden)
Hilos
placenteros de agua dulce se deslizan por los pechos de Inés, la ducha abierta
expulsa rayos acuosos que se estrellan contra su frente dando la impresión de
que su extasiado rostro es cubierto por un vidrio gelatinoso que parece un
arcoíris gris en la oscuridad del baño, las cucarachas la miran sin irritarse
mientras ella se masturba muy placenteramente y las arañas vigilan la escena.
Las orillas de las verdosas paredes son tan simétricas como los glúteos de
Inés, ella está a punto de gritar, recorre lentamente sus labios con su
pecaminosa lengua y justo cuando siente que sus carnes están por explotar se
detiene una segundo, deja de mover sus ágiles dedos, se desencoge de hombros,
abre bruscamente los ojos y recuerda que no ha lavado sus hábitos y ya es
tarde, se marcha a meterlos en la lavadora.
(Reconstrucción
de un chiste muy malo)
Un pie que no logra tocar el piso se
balancea como sorteando su fortuna de poder retar la gravedad, Vicente está
sentado en la barra del bar, su codo derecho se apoya en la madera mientras su
mano recorre la escasa cabellera que perdió seguramente primero que su
virginidad. Sus lentes están mal puestos como adrede, como si alguien le
dirigiera para fotografiarlo, frente a él tiene un vaso de tequila un poco más
lleno de lo usual y ni siquiera lo observa, pero algo en Vicente demuestra que
su única razón de estar allí es ese trago. Por la puerta que, como tantas otras
puertas está a las espaldas de Vicente, entra un sujeto robusto que sin
conocerlo y sin estarlo buscando encuentra en Vicente el sujeto perfecto que le
dará sentido a su noche, lo ve, lo sabe. Los segundos juegan una ridícula
partida de futbol y en el entretiempo ambos terminan sentados uno al lado del
otro, Vicente callado y cabizbajo, el otro lo ve de pies a cabeza, sonríe, mira
el vaso, regresa la mirada al triste y procede muy osadamente a tomarse su
trago lanzando una carcajada que seguro se oyó en kazagkistán. Vicente siente
una puñalada de sudores fríos en la espalda, una opulencia de escalofríos lo
invaden y como si los pocos resortes de vida que le quedaban se hubieran
disparado, voltea hacía el otro y deja escapar un grito desaforado que causa un
tsunami sónico en el bar. Vicente, seguido del grito espeluznante comienza a
decir palabras sin sentido, empieza a temblar su desconfigurado rostro y su
ceño se fruñe en forma de poema muy mal escrito. Mira fijamente al otro, se
levanta del banquito, grita una historia estúpida e incomprensible sobre un
fracaso, una pérdida de una apuesta, un mal día, una mujer con un amigo,
desnudos; un empleo perdido, una cagada de perro; el otro comienza a sentir
como algo le retuerce el estómago y empieza a creer que el titiritero de sus
tripas le que quiere hacer una mala pasada, Vicente estalla en risas locas como
su estampa, se voltea y sale corriendo del bar, pierde unos de sus zapatos en
la carrera y dos botones exigen libertad mientras va gritando: “un estúpido se
bebió mi cianuro!”
Juan ha muerto ya tres veces esta mañana, su verdadero nombre es Ángel pero
es Juan lo que se lee en una etiqueta mal bordada en el lado izquierdo de la
braga anaranjada que trae puesta. Ángel. O mejor dicho, Juan, ha muerto ya tres
veces esta mañana porque así lo ha querido un señor bastante mayor de larga
barba blanca que no abandona su silla y sólo sabe dar órdenes. Ángel tiene una
esposa adorable que seguramente en este momento está preparando el almuerzo,
juntos conforman un matrimonio joven y aún no tienen hijos. Son una pareja
felíz, pero su rostro esta mañana es el espejo de una realidad distinta.
Alguien quiso que las facciones de Ángel se conjugaran para expresar con su
cara un poema donde la desesperación es la musa y la salada humedad juega a deslizar
los sueños que al caer se rompen uno a uno. En el inmenso calor donde se
achicharran las esperanzas las lágrimas se confunden con el sudor.
Ángel tiene esta mañana la mirada tan pesada que le resulta casi imposible
levantarla del suelo. Está sentado, en su celda, con esposas en sus muñecas y
tobillos, unidas por una cadena en la que los oxidados eslabones parecen
daguerrotipos de las promesas que jamás le hicieron. Juan, como el mundo se ha
empecinado en llamarlo esta mañana sólo por cumplir los caprichos de ese terco
anciano, tiene la mirada tan vacía que el mundo entero cabría en ella y aún
quedaría espacio para un par de angustias más. El ceño fruncido no define ya el
recuerdo de iracundas pesadillas, la resignación sería el nombre perfecto para
los caminos que se forman en sus líneas de expresión, esas que seguramente
conducen al valle de la histeria.
Sus manos ya no tiemblan, las gotas de sudor que recorren su cuerpo se
transforman en cubos de hielo antes de caer al piso y la memoria congelada le
muestra una imagen indeleble, la del irremediable futuro, ese que ha de llegar
dentro de pocos minutos cuando la comisura del guardia que custodia la celda
se deje de hipocresías y deje aflorar el sentimiento más vil que siempre
caracterizará al ser humano por naturaleza. El anciano, mientras sonríe, deja
ver ligeros movimientos en sus labios, como si llevara la cuenta regresiva de
una bomba cuyo estallido es ansiado, como lo haría una niñita esperando la
llegada de año nuevo. Al viejo, a cada segundo que pasa se le va ensanchando el
pecho en lo que es el suspiro más lento y grande en toda la ciudad esta mañana.
Listo, ya son las once y media de la mañana, el guardia abre la reja y
Juan ya sabe lo que le depara. Se levanta con la calma que sólo poseen los que
tienen, sin temor, la certeza precisa de cuantos minutos les restan de vida.
Juan, en la medida en la que le es posible recorre el pasillo, el guardia va
detrás de él, vigilando los pasos de quien emprende un camino que sólo posee
una vía, una dirección, sin parada ni retorno alguno. Son muchas las miradas
que se posan sobre este circo de vida y muerte, pero lo que hace lentos en
extremo los pasos de Juan es la fijeza con que el anciano lo mira, desde
lontananza el viejo lo atraviesa con sus ojos, destroza su alma y
corrompe su valor. El paso de Juan ni disminuye ni acelera, es definido por el
ritmo constante de un par de piernas que se mueven por inercia. Juan está
destrozado. Llega a una recamara donde otras personas más esperaban su
llegada, con miradas solemnes que no saben si saludar o despedirse. Una
lágrima de compasión ajena se deja ver en el rostro de una hermosa pero muy
demacrada chica que sostiene unos papeles y una carpeta en sus manos, viste
elegantemente, y desde la entrada de Juan, la mirada de ambos estuvo
conectada aún cuando en realidad este nunca la miró
Se sienta, conoce muy bien el proceso y decide apagar la voz del hombre con
sotana y librito en mano que escupe frases aprendidas de memoria pero jamás
comprendidas. El anciano es el espectador principal, el culpable de que Juan
vaya a morir por cuarta vez esta mañana. El podría detener todo el sufrimiento
de tan agobiado ser, una palabra suya bastaría para acabar con la infinita
desdicha de Juan, pero nada le produce más placer que el agónico ambiente
reinante en la sala. El guardia ajusta en sus piernas y brazos las correas que
lo atan a la silla de electricidad, ese asiento en primera clase de eterno
viaje sin retorno.
Juan cierra sus ojos, el guardia baja la palanca, los destellos se hacen
constantes e incesantes, incandescentes. Las chispas iluminan por última vez
donde ahora gobernará la oscuridad, el humo se apodera de la recamara,
todos están mudos, anonadados, y el único que se pronuncia es el anciano para
decir: “¡corte! Repitamos la escena”
Sin espacio para colores
Sé que tienes frío, aunque no lo dices... lo sé. casi podría
asegurar que esta noche estás congelada, pero no sabría asegurar si es por el
terror que causa en tí que estemos en este lugar que parece ser siniestro o si
tan sólo te asusta el hecho de que yo haya retado a tus padres y te haya sacado
de donde te tenían encerrada mi amada. Esta noche tu sonrisa me perturba,
muestra como una mueca de dolor, y que no emitas el más mínimo sonido me
desconcierta totalmente. Comprendo que si tus ojos lucen apagados ha de ser por
todas las cosas que han sucedido en las últimas horas, sin embargo, esta noche
estoy dispuesto a demostrarte que este gris lugar es el mejor ambiente para un
romance sombrío como el nuestro, un romance en blanco y negro, un romance de
flores marchitas y de putrefactas fragancias. No te siento temblar, pero hay un
gesto en tu rostro que se suma al sonido de esas hojas en los árboles y estoy
más seguro a cada segundo que pasa de que hay algo que te aturde, no sé si es
el frío, no sé si es el miedo, pero quiero que estas caracias le devuelvan a tu
piel ese calor que alguna vez hizo arder mi placer hasta voloverlo cenizas! Tú
lo sabes, pero igual me gusta decirte que tenerte en mis brazos me da una
sensación imcomparable, una especie de satisfacción sabiendo que ya más nada
puede pasarte porque aquí estoy yo para cuidarte. No temas pequeña, esos gatos
pardos que deambulan entre las tumbas como queriendo esconderse de la luna y su
luz no hacen más que reflejar en sus brillantes ojos la esperanza que esta
noche se consume al tenerte como jamás te había tenido. Desde aquí no podemos
ver la luna, las ramas secas de este viejo árbol nos privan de su plateado
chorro iluminado, pero casi puedo sentir el influjo que tiene sobre mis venas
al hacer bombear mi sangre al ritmo de mi inmenso deseo por tu carne. las hojas
secas crujen y hacen un inmenso eco que nos recuerda que este será nuestro
secreto, los nombres en las lápidas son ciegos y el viento me susurra al oido
que la oscuridad será nuestro cómplice, ya todo está arreglado. No hay casi
espacio entre tu cuerpo y el mío, nunca hubo tanta aproximación entre dor
carnes unidas por la lujuría y entregadas al delirio de una noche de fiebres y
tempestades. Detallo una vez mas tus gestos, tu silencio, tus muecas perennes,
tu rostro hoy es un poema de versos criogenizados y ahora reflexiono a razón de
que sí en verdad estarás siendo tú tan felíz conmigo tal como yo lo soy con tu
cuerpo ahorita... ojalá estuvieras viva para decirmelo.
Delirios cinéfilos
Ya no hay
vuelta atrás, ni Ludovico podría conmigo. Quiero correr y correr, como Lola,
como Forest, dejarme llevar por el viento, ser como el vaquero de la farmacia y
deslizarme en el tiempo y en el espacio, quiero tener el tiempo en mis manos,
todo el tiempo del mundo y así llegar sin retraso a tomar el expreso de media
noche. Él, el de negro, me dice que no siempre lloverá, yo le contesto que no
hay lluvia en este viaje hacia lo salvaje, sólo un veterano de guerra que me
lleva en su taxi a la estación y un par de sueños de fuga. Quisiera que mis
manos fuesen de tijeras y hacer un collage con pedacitos de nubes, nubes como
aquellas en las que la mariposa se me perdió dejándome solo dentro de mi
escafandra para hundirme mar adentro en la soledad de esta ventana secreta, la
ventana de este auto que choca en mi subconsciente sin placer alguno. En este
viaje hay amistad sincera y tu mamá tambien lo sabe, lo triste es la mala
educación de aquellos que sembraron la duda más grande, esa que no cupo aquí y
se elevó a otras galaxias desatando una guerra, por eso me voy de aquí, me voy
a descubrir mi tiempo y espacio, el expreso está por salir, llevo una maleta de
la que desconozco su contenido, adiós Stanley, adiós Allan, adiós Gus, adiós
muchachos, nos vemos al otro lado de la pared.

qué escritor más pésimo este pana! jajajaja!
ResponderEliminarMe agrada las locuras de ultimo momento de tus escritos, le dan ese gustico como un poquito mas de sal a la sopa. Buenas vibras.
ResponderEliminarjeje! sí, los finales locos son algo que me gusta ejercitar. jajajaja! mosca con ramón que está asustado. jajajajaaja!
EliminarEs buena la tonalidad que lleva hilo narrativo en "Sin espacios para colores". Y está fino la especie de collage que rinde tributo a los clásicos del 7mo arte!, y no excelente final el de "Acción"... Los cuentos están bastante "Luís", y me imagino que no hay nada mejor que todo lo tuyo, en donde quiera que esté, lleve tu sello.
ResponderEliminarjeje! supongo que para ustedes es medio chimbo ver aquí cosas que ya han leído. pero bueno, sí... es fino identificarte con un estilo y encontrar una voz propia.
EliminarJAJAJAJAJA... Me encanto tu "Sueño", bueno, la parte del Saco no tanto, a menos que quieras contraer alguna enfermedad. jajaja... Y delirios cinefilos me fascino, como amante del cine me gustaria poder escribir algo como eso, relacionando mis peliculas favoritas.
ResponderEliminarno te metas con el saco que forma parte de nuestro patrimonio. jajajaja! y bueno, dale... escribe sobre lo que te gusta! es divertido el proceso!
Eliminarya había tenido la oportunidad de leer tus cuentos, muy controversia-les y casi fuera de los razonamientos típicos, eso me gusta. "Sin espacio para colores" es un gran cuento al igual que "acción" no sé si por gustarme esos pienso que son los as acabado que allí publicas. "sueño" no opino al respecto por mi posición. Un abrazo mi hermano.
ResponderEliminarjeje! opina pues! arrechate! eso es lo que quiero! sino no tiene gracia!
EliminarExtrañé algo de "Crónicas Grotescas". No me gustó "Sueño" pero me divertí. No deberías estar organizando eventos, deberías sólo escribir y beber, y escribir, y tirar, y escribir, y fumar y escribir, y querer a Adela, y escribir, y no estudiar psicología porque me da envidia, y escribir. Acción!
ResponderEliminarmis "crónocas grotescas" DEBERÍAN estar aquí! es cierto! pero... no sé, quise dejarlas descansar será. son medio pajúas, se creen la gran vaina. jeje!
Eliminar"Sueño" no busca agradar, todo lo contrario... así que si te divertiste, fino! jeje!
por lo demás, lo hago todo! jeje! pero organizar esto no es tan aburrido como se pensaría, al menos no si se hace como lo estamos haciendo. dejar la maestría... sólo si saliera por allí algo de cine. jeje! y lo estoy pensando!
por último: recuerdas la historia de "Reya y yoh"? ayer encontré los manuscritos pero de pura purita casualidad! si me da chance los transcribo y los subo aquí.
excelente sin espacio para los colores a mi parecer, en general me gustaron todos exito...-julio tizzani
ResponderEliminargracias Julio, nos vemos el 25.
EliminarSin espacios para colores es muy pero muy bueno ya lo había leído. Ahora escribe uno que se llame no se con espacio para otra negra. Garuabar.... je je.
ResponderEliminarMuy buenos tus cuentos! muy buenos!
ResponderEliminarMuy buenos pero muy buenos tus relatos, me fascinó Sueño muy divertido y también Sin espacio para colores, muy sentido. Me gustaría que leyeras mis relatos: La laguna de los cien deseos y La misma Sangre, son estilos distintos pero esa es la idea de que me ofrezcan su opinión.
ResponderEliminarMe gustaron los textos. El sueño se te cumplirá si el evento se hace famoso, entonces la gente (no sólo los políticos) la sautoridades de las universidades, de los institutos de educación, de los medios de comunicación y demás querrán participar y así podrás cumplirlo jajajajajaja nos vemos en el evento y lees otros jajajaja
ResponderEliminarLo único que no leí fue Ya es tarde, no tengo Wasting Love de Iron Maiden. Creo que soy anormal, me encantó Sueño, es muy "Luis" jajajajaja. Ya había disfrutado de Acción por el face, pero nunca llegué a comentar nada.
ResponderEliminarEl texto que más me gustó es Sin espacios para colores. Primero porque recordé un sueño que tuve cuando comencé a leer a Larsson. Soñé con un hombre que sólo podía conseguir erecciones "follandose" a las muertas (ojo, tipas extremadamente buenas, pero sin vida). Es extenso, luego te contaré. Y segundo, porque está asquerosamente satisfactoria la trama.