15/4/12

ADRIANA (MÉRIDA)




Biografía

Adriana Carolina Casart estudiante de Idiomas modernos en la ULA estado Mérida, rollera, lectora, melómana y cinefila, signo escorpio. 

Rafa

Ahora que lo pienso me hubiera gustado hacer más en ese baño.
Acababa de llegar de viaje y estaba con mi mamá en aquel apartamento,  cuando escuche la voz de Carla al pronunciar aquel nombre. él estaba allí, eso no me lo esperaba… en ese instante en mi cabeza surgieron pequeños recuerdos, que me hicieron reír…  al tener el primer chance me acerqué a aquel cuarto, estaba allí de pie -para que les miento moría por verlo- en realidad moría porque lo extrañaba entre mis piernas -lo que hacen semanas de verano…- Hablamos un poquito de todo, perdiendo el hilo de vez en cuando, era un poco complicado si mientras hablábamos nos besábamos y yo aprovechaba sus descuidos para morder duro su labio inferior atrayéndolo a mí. Luego me agarraba con más fuerza, me apretujaba a él cuando sentía que saldría corriendo a la sala, no quería salir de allí ni dejar de jugar y tampoco que mi madre en la sala sospechase ni que la Sra. De servicio escuchara los gemidos y risas. Cuando recordaba donde estaba intentaba zafarme, pero que va, en un momento ya estaba en la pared a punto de tumbar el espejo que estaba a nuestro lado  -que por cierto no era el mío- había olvidado aquel detalle, no estaba en mi cuarto. Una de mis manos en su cuello y las suyas ya estaban masturbándome con locura bajando mi leggin. Mientras con una mano yo decía que no, él con fuerza buscaba quitarlo todo, por momentos me sostenía la pared, en otras volvía a insistir en que nos verían y mintiéndome decía que solo lo metería y lo sacaría. Sabía que al meterlo, sería difícil que no quisiéramos más, porque era obvio, yo iría por él. Me separé de su desesperado cuerpo, de su miembro duro, luego de un forcejeo.  Sin embargo seguíamos mirándonos y él, desde la puerta del baño me decía que no lo dejara como estaba. Estaba tan grande, se notaba el bulto en su pantalón más de lo normal. Lo sacó y se masturbó mientras me invitaba a que lo dejara entrar, señalándome justo allí entre mis piernas, dispuestas a recibirlo. Después de negarme algunas veces y de mirarlo me tragué mis excusas, sabía que quería y sabía que ya era tarde, me haló de la mano y dentro del baño -que tampoco era el mío- en aquel apartamento, nos besamos, nos mordimos y ya de nuevo estaba casi desnuda. Mi leggin apretujado y enredado con mis botas, mi blusón a un lado, su jean en el piso, nosotros apoyados al lavamanos. Tumbamos el jabón y la crema, al voltearme y ponerme en cuatro, podía ver su cara desde el espejo y sentir el caliente del roce de su “amigo” – suyo, mío y de todas- escuchar el golpe del collar rojo de esferas que llevaba ese día contra mi pecho, sentir como me agarraba del cabello  en una cola improvisada de puño y me empujaba hacía atrás.  Con una mano bajaba por la espalda y al llegar a mi culo me nalgueaba. Sentir el ardor luego de  que me las daba me aupaba a sentir más el calor de su cuerpo. Yo  abría más mis piernas para que me penetrara -el cosquilleo en mi vagina y el calor era tan placentero- quería gemir, y decirle cuanto me gustaba y con mis palabras ganarme más nalgadas. Pero estábamos allí y en el cuarto vecino estaban limpiando, allí me esperaba mi madre y me quedarían marcas, lo sabía -no es bueno tener la piel sensible en esos momentos, ya antes me había delatado ese pequeño detalle mi piel roja- pero volvía a sentirlo, su fuerte respiración, la gotera de la ducha, el sudor que rodaba por mi espalda, sus manos en mis caderas y el ardor de mis muslos.  Su miembro entrando y saliendo cada vez más fuerte y apresurado con tanto desenfreno, pronto acabaríamos. Yo sentía el cosquilleo y quemaba más fuerte, más roce, más miembro, más calor, más gemidos, luego esperma, rodando, refrescándome la curva de la pierna, bajando a las baldosas, llenándome un poco. Me habría gustado jugar más con ella agarrar un poco con mis dedos, llevarme un poco de él al cuello pasarla por la punta de mi lengua, sentir su sabor, llevarlo más adentro, calmar el calor de mi piel, excitarme con tus gestos al mirarme.

Pajudos

Sabes ustedes hablan demasiada paja de nosotras, sí. Como si nos conocieran, como si realmente nos trataran. Nuestra cara de placer no muchas veces representa lo bueno que lo hacen en la cama, en la sala, en el suelo… No muchos pueden hacer acabar a una mujer –podríamos hacerlo solitas, sabes con nuestras propias manos-. Nos hacen reír con su cara de suficiencia, nos reímos de lo bien que podemos fingir. Conocen la porno de su compu y la del resto de la red, recitan con fe sus hazañas y las de sus amigos, nos comparan con sus guitarras desafinadas, cigarros mentolados, humedad -sí mucho líquido- botellas baratas, noches de taberna. No pienso corregirlos me da risa oírlos.  Y podríamos seguir este juego por un rato más, mientras sigan creyendo, mientras se te apaga un cigarro y prendes el otro. Pero sabes qué, prefiero limpiar tus lentes y desmitificar tu comiquita.

2 comentarios:

  1. Me gustan las palabras que usas, lo directo de la narración, realmente impacta.

    ResponderEliminar
  2. Lo que hace atractiva esta narrativa, es su jocosidad y lo directa que es. Jose Zambrano.

    ResponderEliminar