Biografía
Adriana Carolina Casart estudiante de Idiomas
modernos en la ULA estado Mérida, rollera, lectora, melómana y cinefila,
signo escorpio.
Rafa
Ahora
que lo pienso me hubiera gustado hacer más en ese baño.
Acababa de llegar de viaje y estaba con mi mamá en aquel
apartamento, cuando escuche la voz de
Carla al pronunciar aquel nombre. él estaba allí, eso no me lo esperaba… en ese
instante en mi cabeza surgieron pequeños recuerdos, que me hicieron reír… al tener el primer chance me acerqué a aquel
cuarto, estaba allí de pie -para que les miento moría por verlo- en realidad
moría porque lo extrañaba entre mis piernas -lo que hacen semanas de verano…- Hablamos
un poquito de todo, perdiendo el hilo de vez en cuando, era un poco complicado
si mientras hablábamos nos besábamos y yo aprovechaba sus descuidos para morder
duro su labio inferior atrayéndolo a mí. Luego me agarraba con más fuerza, me
apretujaba a él cuando sentía que saldría corriendo a la sala, no quería salir
de allí ni dejar de jugar y tampoco que mi madre en la sala sospechase ni que
la Sra. De servicio escuchara los gemidos y risas. Cuando recordaba donde
estaba intentaba zafarme, pero que va, en un momento ya estaba en la pared a
punto de tumbar el espejo que estaba a nuestro lado -que por cierto no era el mío- había olvidado
aquel detalle, no estaba en mi cuarto. Una de mis manos en su cuello y las
suyas ya estaban masturbándome con locura bajando mi leggin. Mientras con una
mano yo decía que no, él con fuerza buscaba quitarlo todo, por momentos me
sostenía la pared, en otras volvía a insistir en que nos verían y mintiéndome
decía que solo lo metería y lo sacaría. Sabía que al meterlo, sería difícil que
no quisiéramos más, porque era obvio, yo iría por él. Me separé de su
desesperado cuerpo, de su miembro duro, luego de un forcejeo. Sin embargo seguíamos mirándonos y él, desde
la puerta del baño me decía que no lo dejara como estaba. Estaba tan grande, se
notaba el bulto en su pantalón más de lo normal. Lo sacó y se masturbó mientras
me invitaba a que lo dejara entrar, señalándome justo allí entre mis piernas,
dispuestas a recibirlo. Después de negarme algunas veces y de mirarlo me tragué
mis excusas, sabía que quería y sabía que ya era tarde, me haló de la mano y
dentro del baño -que tampoco era el mío- en aquel apartamento, nos besamos, nos
mordimos y ya de nuevo estaba casi desnuda. Mi leggin apretujado y enredado con
mis botas, mi blusón a un lado, su jean en el piso, nosotros apoyados al
lavamanos. Tumbamos el jabón y la crema, al voltearme y ponerme en cuatro, podía
ver su cara desde el espejo y sentir el caliente del roce de su “amigo” – suyo,
mío y de todas- escuchar el golpe del collar rojo de esferas que llevaba ese
día contra mi pecho, sentir como me agarraba del cabello en una cola improvisada de puño y me empujaba
hacía atrás. Con una mano bajaba por la
espalda y al llegar a mi culo me nalgueaba. Sentir el ardor luego de que me las daba me aupaba a sentir más el
calor de su cuerpo. Yo abría más mis
piernas para que me penetrara -el cosquilleo en mi vagina y el calor era tan
placentero- quería gemir, y decirle cuanto me gustaba y con mis palabras
ganarme más nalgadas. Pero estábamos allí y en el cuarto vecino estaban limpiando,
allí me esperaba mi madre y me quedarían marcas, lo sabía -no es bueno tener la
piel sensible en esos momentos, ya antes me había delatado ese pequeño detalle
mi piel roja- pero volvía a sentirlo, su fuerte respiración, la gotera de la
ducha, el sudor que rodaba por mi espalda, sus manos en mis caderas y el ardor
de mis muslos. Su miembro entrando y
saliendo cada vez más fuerte y apresurado con tanto desenfreno, pronto
acabaríamos. Yo sentía el cosquilleo y quemaba más fuerte, más roce, más
miembro, más calor, más gemidos, luego esperma, rodando, refrescándome la curva
de la pierna, bajando a las baldosas, llenándome un poco. Me habría gustado
jugar más con ella agarrar un poco con mis dedos, llevarme un poco de él al
cuello pasarla por la punta de mi lengua, sentir su sabor, llevarlo más adentro,
calmar el calor de mi piel, excitarme con tus gestos al mirarme.
Pajudos
Sabes
ustedes hablan demasiada paja de nosotras, sí. Como si nos conocieran, como si
realmente nos trataran. Nuestra cara de placer no muchas veces representa lo
bueno que lo hacen en la cama, en la sala, en el suelo… No muchos pueden hacer
acabar a una mujer –podríamos hacerlo solitas, sabes con nuestras propias manos-.
Nos hacen reír con su cara de suficiencia, nos reímos de lo bien que podemos
fingir. Conocen la porno de su compu y la del resto de la red, recitan con fe
sus hazañas y las de sus amigos, nos comparan con sus guitarras desafinadas,
cigarros mentolados, humedad -sí mucho líquido- botellas baratas, noches de
taberna. No pienso corregirlos me da risa oírlos. Y podríamos seguir este juego por un rato más,
mientras sigan creyendo, mientras se te apaga un cigarro y prendes el otro.
Pero sabes qué, prefiero limpiar tus lentes y desmitificar tu comiquita.

Me gustan las palabras que usas, lo directo de la narración, realmente impacta.
ResponderEliminarLo que hace atractiva esta narrativa, es su jocosidad y lo directa que es. Jose Zambrano.
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