Biografía
ARIANA JIMÉNEZ, Creo en algo conocido
como amor. Creo en la estupidez y creo aún cuando me cuesta creer. Aún no tengo
claro qué tengo en mi vida. Solo sé que me tengo a mí. Creo en la torpeza de
muchos y en la incredulidad del mundo. Creo en el destino y en el sabor de un
buen libro. Coro es la ciudad que me ha visto crecer y a la que amo
inmensamente. He nacido un 29 de Junio del año 1991. Curso el sexto semestre de
Medicina en la UNEFM. ¿Mi nombre y apellido? Ariana Jiménez.
Un pequeño gigante
-
Cándida:
Dejó todo a un lado. La sabiduría también; tan sutilmente se desprendió de ella
que juraría que le estorbaba.
-
Tomasito:
entonces… ¿era un sabio?
-
Cándida:
predecía el futuro. Sabía que la naturaleza no estaría de su lado. Arrancó
todos los árboles posibles consciente del daño que causaba.
Tal vez, sí, su misión era
causar dolor.
Era un pequeño ser
disfrazado de bondad, dedicado a consolar…
-
Tomasito:
Pero, ¿a quiénes?
-
Cándida: a
cualquiera que se cruzara en su camino buscando una solución. ¡Pero no! No se
las daba. Sería patético entonces.
Se asqueaba de las lágrimas
aunque lloraba a menudo sin ningún motivo en especial.
Nada le resultaba significativo,
a excepción del collar de huesos de liebre que cargaba en su diminuto cuello.
Sus ojos un día fueron color
leopardo. Ahora no presentan ningún color…, ceniza ardiente quizá.
…Éstos ven lo imposible.
Acontecimientos únicamente imaginarios, pero que toda persona moriría por ver.
Tenía la capacidad de
convertir cualquier roce en la más placentera y cálida caricia. Le molestaba
eso. Cuando se dio cuenta de lo que era capaz, dejó de tocar.
No conoce otras pieles. No conoce
su piel.
Según él, no camina. Es un
procedimiento inútil.
Prefiere volar..., por
instinto quizá. Por deseo, por salir de la detestable rutina.
-
Tomasito:
¿Existe rutina en su vida?
-
Cándida: si
respirar día a día se le llama rutina entonces sí.
Calma
la sed de felicidad de los demás entendiendo lo relativo que ésta puede llegar
a ser según el ánimo de las personas.
Sopla suavemente y ¡bum!, todo
es vivaz y colorido u oscuro y sombrío. Dependiendo claro, de las peticiones
que reciba.
Llegó a la conclusión de que
la felicidad para esos “demás” es de color negro. No entiende eso. Cuestiona a
la gente común.
¡¿Sabes?! Él inventó los
arcoíris, las expresiones de color, ¡el arte!
-
Tomasito:
¿Es feliz?
-
Cándida: es
él y la soledad.
Recuerda que abandonó la
sabiduría.
-
Tomasito:
¿Qué tiene que ver la sabiduría?
-
Cándida: …
Lo tenía todo. Lo sabía
todo.
Ahora tiene y sabe nada.
Solo se desprende de su mente y comienza a volar.
Volar es una palabra
importante en su vida.
¡Ah! Y sigue ayudando a los
demás…, sin saber nada.
También habla con la muerte.
Ésta es más argumentadora de lo que creía.
Le dio su collar de huesos
porque decía que para valorar a la vida, había que valorar a la muerte.
No sonríe porque la sonrisa
no se hizo para él. ¡Y no hace falta! Sonríe con su alma a cada instante; es
más gratificante y contagioso que una sonrisa con la boca.
-
Tomasito: ¿Y
qué piensa de sí mismo?
-
Cándida:
prefiere no pensar.
Habla mucho del sentir. De
cerrar los ojos y trasladarse a un fondo azul con manchas de nieve.
A veces no entendía lo que
sentía pero entendía que buscarle un significado a su sentir desvanecería todas
las chispas de brillo que éste tuviese.
¡Algunos días es tan
solicitado que se ausenta por varias décadas! Y que conste que en su cuerpo
décadas no tiene nada que ver con tiempo, pues se deshizo del mismo cuando su
reloj se dañó. Así que “noción del tiempo” fue algo que experimentó por un
corto instante.
¡Y
cree que el amor es como toda el agua existente en el planeta: inmenso!,
Algo tan abundante, tan infinito,
tan profundo e inexplicable que por eso algunos o mejor dicho, la gran mayoría se
complica.
Ellos no comprenden que el
amor no necesita de explicaciones.
Aconseja nadar en el océano
para así sentirlo.
¡Ahhh! Tan libre, tan
fresco, tan soñador y vacilante, tan pensador e inteligente, tan sabio,
sencillo, rozagante, relajante, tan maravilloso, sorprendente…
… Como un libro de páginas
infinitas, como un sol que se hunde en la luna una y otra vez…
… Tan perfecto, tan gigante
y pequeño al mismo tiempo.
Sus ojos no tienen
explicación alguna, te pierdes en ellos.
Tan deslumbrante, tan…
-
Tomasito: ¿Lo
conoces?
-
Cándida: No.
Lo vi en mis sueños.
Nadie lo ha conocido, nadie
sabe su nombre; pero mientras más se le busca más se da el lujo de volar y no
hacernos caso.
-
Tomasito: tan
irreal entonces…
¡Y no me cuentes más tía! Ya sé que tengo que portarme bien.

Me gustó mucho tu texto! el toque infantil e inocente es un recurso que siempre llama la atención hasta del más adulto. Eso sin contar con que el tema de lo inocente por lo general es muy adulto!! Buenas vibras para vos!
ResponderEliminarel juego con la inocencia del niño esta muy bien, la idea. lo que si quiero tomes en cuenta es que si es una moraleja que intentas hacer ok bien pero en la literatura tales técnicas explícitas han pasado de moda en la narración contemporánea , y ahora por lo general sólo son incluidas con objetivos irónicos.
ResponderEliminar