Biografía
Recuerdo qué, siendo un
infante, le pregunté a mi padre el año de mi nacimiento y me respondió
rencoroso! El año del golpe!
Me llamo Jesús Amalio,
nacido en coro el 28/12/ 1992.
Casi no llego al mundo, por
culpa de la bendita fecha en la cual la gente común deja salir su verdadera
naturaleza mientras se esconden tras una máscara. El Doctor, cuyo nombre
desconozco, se fue a jugar a los locos en la vela olvidando que iba atender el alumbramiento
de mi madre, ¡true history! Aunque las
personas nunca creen lo que digo. ¿Por
qué será?
Siempre tiene la razón
Esperó hasta que el ruido
del último carro a la vista, fuera menor al zumbido de una abeja, tragó con
dificultad y se dispuso a cruzar la carretera que seguramente le traería la
muerte. “Es algo completamente irracional, diría la doctora, la gente no se
puede morir tan fácilmente”. ¿No se podía? Sin embargo hacia menos de diez
meses había perdido a su esposo e hijo, cuando regresando de unas vacaciones, a
su automóvil se le explotó una llanta y descubrió lo fácil que una carretera se puede convertir en una
pista de hielo al infierno. Y como la velocidad es capaz de transformar un poste de metal sin vida, en un
arma letal, en la muerte misma que le arrebató en un pestañeo la dicha de
tener seres queridos
Al principio fue solo
tristeza, como flotar en un mar manso, sin olas, sin ánimos de levantarse,
comer, hablar, solo flotar, anestesiada, no creía en la existencia de algo peor
que la tristeza. Hasta que conoció el miedo. Pasó de dejar de salir por no
tener ánimos, a no asomarse ni al porche
de su casa, por miedo a que una bala descuidada le arrancara la vida de un
golpe y la llevara a la pared negra que en su cabeza se formaba cuando pensaba
en la muerte. Pasó de no comer por no tener apetencia, a caerse de hambre y no
ingerir nada que tuviera que cocinarse por el temor a resultar achicharrada, y luego a no ingerir sólidos por
miedo de quedarse atragantada y caer en ese agujero negro que en su mente se
formaba cuando pensaba en la muerte. Muerte. Parecía que todo lo que hacia la
llevaría irremediablemente a perecer. Lo cual para ella era lo más horrible del
mundo y no entendía como todas las personas, a sabiendas de que esa es la última
parada, no se llenaban de temor y se trastornaban como ella.
“¿¡Es que estás loca Sonia ¡? ahorita mismo nos vamos al
psicólogo-gritó su hermana ya cansada de tener que rogarle para que bajara
almorzar- mira como estas de flaca te vas morir de hambre.
¿Morirme de hambre?-
respondió Sonia aterrada- no había pensado en eso ¿ahora qué voy hacer?-
preguntó escondiendo la cara entre sus manos.
“El ser humano nace para ser
feliz, es solo que a veces se nos olvida por el camino, empezamos a buscar,
dinero, amor, salud, sin saber que esas cosas son importantes porque nos ayudan
a encontrar ese sentimiento de felicidad, pero no es que venga de afuera, la
felicidad esta aquí- dijo la psicóloga señalando su corazón- se que sufriste
una gran pérdida, pero si quieres perder el miedo y generar ese bienestar, lo
primero es tomar la decisión, estar
dispuesta a ser feliz.
Yo lo estoy- replicó Sonia-
pero el miedo no me deja. Pues empecemos por algo pequeño- sonrió la doctora-
intenta cruzar la calle frente a tu casa. ¿Estás dispuesta?
“Mejor fuera dicho que no
estaba preparada, ahora voy a morir” pensó Sonia, estrujándose la bata de algodón blanca que usaba como piyama,
mientras daba tres pasos en la calle solitaria a esa hora de la mañana. Una
bomba estaba a punto de estallar, y no lo hacía, simplemente estaba atrapada en
el momento atemporal en que la certeza de la muerte era algo incuestionable,
el detonador en cuenta regresiva estaba
marcando uno. Ahora. No. Ahora. No. Ahora. Pero la fatalidad no llegaba.
“quizás si sea algo irracional, quizás si estoy equivocada” comenzó a pensar,
justo en el momento en que una motocicleta se acercaba con un rugido colérico.
Ella tenía razón. Su cuerpo se quedo paralizado y cerró los ojos. Cero marco el
detonador. Sintió un golpe desbastador en el pecho. Era su corazón, inyectando
a su cuerpo más vida que nunca. Abrió los ojos, el motociclista iba lejos. Y
con un par de zancadas apresuradas logró llegar a la acera. “Si-resopló con la
respiración entrecortada- ya di el primer paso. Y movió con rapidez las manos hacia el pecho. Sonia
se moría. Pero de las ganas de contarle a su doctora el logro alcanzado. Sin
saber, que en ese momento, su psicóloga había perdido la cabeza, pues acabada
de morir decapitada en un terrible accidente de tránsito.
Acto reflejo
-“Mañana, cuando me levante, vas a ser otra
persona” – digo a mi reflejo con rostro sereno y actitud decisiva. Dispongo del
cepillo dental, me baño, me visto y salgo de casa - “que extraño es caminar”,
murmuro. Un paso, otro paso, sin pensarlo, sin sentirlo, como si fuera la
gravedad y no el cuerpo el que realiza la acción. Por momentos deseo solo
caminar, sin que mi mente piense nada, no obstante compruebo que es mil veces más
fácil pensar sin respirar, que respirar sin pensar. Llego al colegio - ¿bien y
tú?; estrecho palmas, beso mejillas, me rio, me preocupo, intervengo en las
conversaciones de mis compañeros, diciendo cosas que no pienso y pensando cosas
que no digo, sin dejar a un lado la sensación de que nada es real. Suena el
timbre, me acomodo en el pupitre, saco mis cuadernos, algunos hablan, volteo
una página, el profe habla, volteo otra página, - presten atención; empuño el
lápiz, la historia de Venezuela…
Levanto el rostro y observo a todos con curiosidad
alienígena, se dan codazos, murmuran, sonríen, algunos envían mensajes de texto
y solo un puñado presta atención – “qué extraña es la conducta humana”, pienso,
y sorprendido, caigo en cuenta de que todos están locos. - No, murmuro; entro
en pánico, pues noto aterrorizado que el que está loco soy yo. – “He perdido la
razón”, grito; lanzo cuadernos al aire, tumbo el pupitre a un lado, no puedo
respirar, lloro, doy alaridos, caigo de rodillas, estoy en shock, vomito, me
ahogo, toso, convulsiono y sin embargo mi cuerpo sigue inmutable, yo solo
presto atención. Escucho carcajadas, alguien ha dicho un chiste que no logré
captar, igual me rio. – “Se pueden retirar”- dice el profesor, lo mismo dicen
los otros tres, ya es tarde, me despido de mis compañeros, estrecho palmas,
beso mejillas, nos vemos mañana.
Al llegar a mi casa, como lentamente sin saber por
qué, me siento cansado, sin saber por qué, apago el televisor en medio de mi
programa favorito y sin saber por qué me quedo dormido.
Al día siguiente, dispongo del cepillo de dientes,
otra vez. No he hecho nada para cambiar, cincuenta a la derecha, cincuenta a la
izquierda, me siento igual, escupo. El día a día se está volviendo eterno,
cincuenta hacia arriba, cincuenta hacia abajo, yo me estoy volviendo eterno, me
he fundido inevitablemente en él, como una mosca en un basural, escupo, como
una goma de mascar, seca, pegada, sin sabor, en una antología triste de chicles
ocultos, antiguos y olvidados, me enjuago. Miro, me mira tímidamente mi
reflejo; de pronto estoy, está sorprendido, emocionado, al fin algo diferente,
mi palma, su palma toca la fría superficie. Ahora estoy decepcionado, el espejo
estaba sucio, lo limpio, solo sigo siendo yo. Cabizbajo, me rindo ante lo
imposible, mi mirada, su mirada es una bandera blanca, el plan del destino no
puede burlarse. Al instante, con lucidez celestial, comprendo con ironía que
quizá mi destino sea luchar contra el destino y entonces mi reflejo me mira, me
dice, le digo con actitud serena y decisiva: Mañana cuando me levante, vas a
ser otra persona.
Más amargo que la golosina
Ésta,
es por aquella vez que sudada y sedienta tomé el filtro entre mis manos y
disgusté un sabor extraño. Me asquea recordar la sensación en mi estómago,
cuando entre las risas sofocadas de mis compañeros, encontré una lagartija
inerte flotando y tiñendo de rojo mi agua. El corazón se me contrae, dolor. Sin
embargo, Vanessa estaba conmigo. Agua. Aquella tarde tropezaste con el estante
y caíste al piso, nunca supiste quién había llamado. No después de que el
enorme diccionario se tambaleara y cayera como una mole encima de tu dedo
meñique, pobre, machucado, con la uña teñida de escarlata. Deseas con todas tus
fuerzas poder arrancártelo de la mano, sientes como si toda la sangre del mundo
quisiera escapar por tu dedo, que se hincha y late como un corazón enfermo.
Ésta,
sí, ésta, por la vez en que Teresa, la odio, aunque ya no tengo fuerza para
odiar. Teresa, torturas, Teresa. Hormigas, cientos de hormigas recorren mis
pies y manos. Iba caminando por los pasillos cuando sentí el tirón, un jalón de
pelo, pensé, un jalón, puedo soportarlo y no volteé aún cuando gritaba mi
nombre. Teresa reía, me llamaba. No obstante, lo que hizo que volteara fue el
rostro de Vanessa, frente a mí, pálido, tan pálido como su camisa escolar,
“detrás de ti hay un monstruo”. Giré. Entre los dedos de su diestra, sostenía
algo negro que se caía a pedazos. Sonreía. Teresa torturas sonreías, y en su
izquierda, lo comprendí todo, dolor,
unas tijeras. De forma automática busqué a tientas en mi nuca. Ya no
tenía coleta. Agua. Alivio. Y sin embargo, Vanessa estuvo conmigo, lloramos
juntas y recogió con pesar los restos de mi cabello desmembrado. Y allí te
encontró tu madre, de rodillas en el piso, sosteniéndote el dedo como si se
tratara de un animal muy débil, agonizante. No pasa nada. -dice-. Sí pasa,
mamá, no aguanto, Teresa, mi cabello, Vanessa, el agua, qué asco el agua, todo.
Duele –dices-, duele mucho, tranquila Sophia, gasas, curitas, todavía duele,
mamá, ¡todavía! Tranquila, Sophia, se acerca a uno de los estantes y tienes
miedo, pastillas, remedio, doctores. ¡No quiero! Tranquila, Sophia.
Ésta,
ésta y ésta, tres, millones de hormigas, millones, en las piernas, brazos,
estómago; cuatro, cinco, seis, salto la cuerda y sé que está rara. ¿Quieres
saltar tú? No, no quería. Vanessa está rara. Risas, ya me daban miedo las
risas. Volteo, hay seis o siete ¿niños? No. Monstruos. Fue todo tan rápido; en
un segundo estaba en el piso con las piernas levantadas ¡no!, –grito-, pero ya no puedo, me tapan la
boca. Vanessa, ¿por qué me tapas la boca? Te he perdido, intento morderla pero
ya la han mordido, contagiado, ahora es un monstruo. Me quitaron los zapatos,
tiene cuatro huecos en las medias –dice uno-, y en los calzones, ¿cuántos?
–preguntó Teresa. Siempre fuiste mala, pienso. ¡Te vas a ir al infierno! Quiero
decirlo y no puedo. ¿Por qué no me dejas hablar, Vanessa? ¿Por qué? Los
pliegues de la falda me cubren el estómago. Siento dedos, muchos dedos, aruñan,
pellizcan, lloro y no puedo creer que todavía ella sonríe, ya no es un juego, y
en ese momento dejo de pensar en ellos, solo puedo pensar en mi meñique, yo era
mi meñique, machucado, pequeño, hinchado; yo era él, estaba sola y lloraba
porque yo era él, pero ya sabía cómo curarme. Agua. Trago. Alivio.
La
madre de Sophia abre la puerta y el ácido aroma le da la bienvenida. La
encuentra tirada en el piso, sonriendo con la boca sucia, ¿cuánto hacía que no
la veía sonreír? Mucho. No obstante, la caja de analgésicos está vacía,
navegando como un buque solitario en un charco de vomito naranja. Corre hacia
ella desesperada y no puede dejar de pensar en aquellas malditas palabras con
las que le presentó la muerte. Y te convence diciendo, tómatelas, son mágicas,
alivian el dolor.

Ya sabes que me encanta tu estilo! eres muy bueno. Trabaja, trabaja, trabaja... abrazos!
ResponderEliminarBastante entretenidos, genial
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEL QUE ME GUSTA MAS ES EL ACTO REFLEJO A UNA SUGERENCIA SONIA NO DEBE QUEDAR SOLA
ResponderEliminarJulio César Rojas Andazola, si quieres desarrollar un cuento con Sonia, hazlo. Este de "Siempre tiene la razón" ya tiene su desenlace y desde mi punto de vista, bastante completo. Son todos ironías de la vida. Mi favorito es "Más amargo que la golosina". ¡Me encantaron! ¡Éxitos!
ResponderEliminarNO PUEDO DESARROLLAR UN CUENTO A PARTIR DE ESE RELATO LO DAÑARÍA ES COMO CREAR UN SEGUNDA PARTE A UNA DE ESAS EXCELENTES HISTORIAS QUE SE HAN ESCRITO ES IMPOSIBLE, JESUS ES UN BUEN ESCRITOR Y SI EL PIENSA QUE ASÍ DEBE SER EL FINAL ASÍ DEBE, QUE A MI NO ME GUSTE MUCHO EL FINAL N QUIERE DECIR QUE LO VALLA A DESARROLLAR.
ResponderEliminarMe han gustado, creo que tienes buen material como cuentero, ojalá sigas trabajando y cuidando tu estilo, o buscándolo. Pila con los acentos (esto es muy de prof, pero bueno, a veces se me sale). y bueno, cuando vaya a Coro te tomo fotos pa que elimines esta de tu vida, no me gustó. jajajajaja. Abrazos!
ResponderEliminar