Biografía
María de Los Ángeles Lugo,
nace el diciembre del 89´, hija de cronopios no podía negar su destino; llega
al mundo de las letras como por azar y se aferra a esa suerte como sentido de
vida. Cursante de la carrera de Educación, mención Lengua, Literatura y Latín,
miembro de la Cátedra Libre de Literatura “Agustín García”. Adicta de los
ocasos, a mirar nubes o las estrellas según sea el momento. Escribe cuentos de
vez en cuando y ellos siempre manifestarán algo de ese mundo paralelo al que
escapa para no morir.
La
Rabia
Los cabellos enmarañados delataban la turbulenta noche
que entre las sábanas había sucedido y Salomé recogía sus cabellos y Juan le
daba un beso de buenos días y al mirarla pensaba que ni todas esas mujeres que
aparecen en televisión, que despiertan perfectamente peinadas, ni todas ellas
eran tan hermosas como su Salomé.
Es que Juan sí que estaba enamorado, al contrario de la
bíblica relación, ellos se llevaban muy bien y Salomé jamás habría pedido su
cabeza en una bandeja; La había conocido una tarde en el colectivo, en cuanto
el puesto de al lado quedó desocupado ella se sentó junto a Juan y le preguntó
la hora (tonta excusa) pero que bien que ella tomó la iniciativa, porque de lo
contrario cada uno hubiese seguido su camino, o no porque en realidad ambos se
dirigían al mismo lugar.
Cuando intercambiaron los números Juan decidió aplicar
esa que a un amigo suyo siempre le funcionaba “Juan… Gusta de ti” colocó como
nombre y apellido en la libreta y eso bastó para sacarle la primera carcajada a
Salomé y así comenzó toda aquella historia.
Juan iba a la facultad a un foro sobre las bases
militares gringas y Salomé también, se rieron de aquella casualidad, al menos
no serían los únicos, pero al entrar se sorprendieron de qué en el auditorio
hubiesen varias personas, de que no eran los únicos en querer enterarse de lo
que estaba pasando, en querer saber más allá de lo que cuentan los medios.
“La verdad es que es difícil conseguir en esta ciudad a
alguien que le interesen las mismas cosas que a uno” le decía Salomé mirándolo
a la cara, y Juan pensaba que a la final era bien fino conseguirse a una chama
así, con la cual se puede hablar, llevarla a cualquier lugar y no pasar pena,
conversar un buen rato sin que aparezca el silencio característico de las
relaciones superfluas que antes había tenido; coño, con Salomé se había sacado
el kino, se miraban y sabían que eran el uno para el otro.
Y así pasaban los días, entre cervezas y libros, entre
besos y protestas y la vida era bonita y el mañana prometía.
Hasta que un día Juan y Salomé fueron a una manifestación
y las bombas lacrimógenas no dejaban respirar a los estudiantes, que solo
estaban protestando porque el corrupto del rector se largara y la policía
comenzó a echar tiros a diestra y siniestra ¿y qué coño tenía que hacer la
policía allí? Y un paco se ensañó contra ella, la golpeó, luego una bala se
alojó en el estómago de Salomé, la más guebona, y hasta allí llegó la cosa.
Todos fueron al funeral, porque esa chama sí que era bien
pana, y Juan lloraba y la miraba dentro de la urna, allí estaba, perfectamente
peinada, y se agrandaba su rabia contra el gobierno, contra todos los
políticos, su rabia contra la corrupción, la decadencia del sistema y la guerra
y las armas y los policías que le habían quitado a la única mujer que había
amado en toda su puta vida.
Dorado
Ya la máquina teletransportadora estaba casi lista, el
día anterior había llegado desde Alemania la última pieza que faltaba para que
pudiese funcionar. Ulises, que era el inventor de aquella máquina, tenía la certeza de que este invento
revolucionaría al mundo; Le había llevado años su construcción, tanto por la
complejidad de los cálculos físicos y químicos, como por lo difícil que se
hacía conseguir las piezas, que eran fabricadas en su mayoría en países
considerados como “potencialmente peligrosos”; debía ocultar sus encargos tras
la máscara de un ente gubernamental; eso de trabajar para un ministerio público
si que le quitaba tiempo valioso.
Ordenó todas sus cosas, no fuese que sus familiares y
amigos encontraran algo que comprometiera su moral; debía cuidar el concepto
que los demás tenían de él, al fin y al cabo sería un personaje famoso. Las
cosas que un hombre soltero y un poco maniático tiene en su habitación
sorprenderían a muchos; Se deshizo de todo aquello, ordenó la ropa, los
zapatos, los libros, se dio un buen baño, y usó ropa adecuada, nada de colores,
nada de estampados, pues debía verse lo suficientemente serio y atemporal para que su presencia no alterara
la “normalidad” ni asustara a ningún habitante del lugar al cual se
dirigía.
Este no era un invento cualquiera; en la facultad todos
lo habían llamado loco al exponer un prototipo, cuestionaban su lógica y lo
alentaban a dejar atrás aquellas ideas, todos le decían que tal cosa no era
posible, y que de seguir con aquella convicción iría a parar al manicomio; pero
aquellos comentarios no desalentaron al joven Ulises, que tras años de
investigación, logró diseñar toda la teoría que explicara el proceso que lo
llevaría a viajar a otra realidad, traspasando las barreras del tiempo y del
espacio.
Si sus cálculos eran correctos, su cuerpo se descompondría progresivamente en
partículas capaces de hacerlo viajar
hacia lo inimaginable; Ahora estaba en su casa, con una vida sedentaria,
viviendo en un mundo donde todos lo creían loco, para dentro de un momento
viajar al “El Dorado”, ese paraíso terrenal que por siglos la humanidad ha
buscado.
Aun sabiendo que cualquier cambio en el curso de la
historia podría alterar el mundo tal como se conoce, Ulises no dudó ni un
momento en su proceder; si hubiese pensado un poco más en las consecuencias de
tal invento, quizá las partículas de su cuerpo no lo hubiesen llevado a tal
destino y quizá si hubiese implementado un simple tablero de coordenadas la
cosas hubiesen sido diferente; pero no, el prefirió usar un complejo sistema de
lectura del pensamiento humano, la máquina lo procesaría y lo llevaría
satisfactoriamente a su destino.
Pero Ulises no lo vio venir; en el mismo momento en que él pensó viajar al
“El Dorado”, la máquina
“inteligente” no encontrando tal cosa en
el planeta tierra, asoció unos cuantos referentes dentro de la cabeza de Ulises
y lo condujo directamente al astro mas “Dorado” de todo el sistema solar.
Visita
al dentista
Cuando comenzó la temporada de lluvia Violeta se
preocupó; toda la vida le había temido a los truenos y a los rayos en especial;
ésta sería una temporada muy mala, pues estaba rondando una tormenta tropical.
Violeta siempre había estado acomplejada con su
dentadura, ese día decidió ir al dentista, y a pesar que le habían comentado
que le dolería mucho, fue a colocarse los aparatos de ortodoncia, pagó la
consulta y esperó.
Ya en el consultorio, vio que la cara del odontólogo no
era normal, parecía un psicópata, pero ya estaba allí y su madre siempre le
había enseñado a no juzgar a la gente por su apariencia, su cara de loco no era
motivo para dudar de su eficiencia.
Después de la anestesia, Violeta despertó atontada, tenía
sus aparatos de ortodoncia y el dolor no la dejaba ni pensar, así que se fue a
casa. En la noche llovía muy fuerte y no podía dormir, fue a la cocina, se
preparó un té y frente a la ventana observaba paranoica la tormenta. De pronto
una presión terrible en sus mandíbulas le hizo gritar de dolor, parecía que
alguien apretaba sus dientes adrede; el dolor fue tan insoportable que cayó al
suelo desmayada.
Cuando se levantó estaba como poseída, corrió al patio,
encendió el auto y condujo en sentido contrario hacia el centro de la ciudad.
Dicen que la vieron entrar al sótano de un edificio, que
estacionó su auto y subió por las escaleras como quien va a la azotea. Y por
mas que la buscaron, en todos los pisos, en todos los cuartos, en toda la
cuadra, nadie volvió a verla.
La noche en que desapareció hubo una de las peores
tormentas de la historia, estuvo llena de truenos y rayos a los que Violeta
siempre les tuvo miedo; su madre aún no se explica como se armó de valor para
salir de la casa.
Después
de todo
Contarles como fue mi vida mientras duró en la tierra no
es importante, para no darles detalles la resumiré con la palabra “aburrida”;
por alguna razón “alguien” consideró que era merecedor de vivir en el reino de
los cielos.
Después de entrar ver a San Pedro y toda la cosa, después
de que me dieran mi bata dorada y que me deleitara durante no se cuanto tiempo
con lo blanco de las barbas del creador, comencé a deambular por las
instalaciones del cielo… me visité cada rincón, me senté en cada nube, saludé
con cariño a todos mis familiares y amigos que habían fallecido y hasta me
sorprendí de ver a mi maestra de cuarto grado, que al parecer no era tan mala.
A pesar de haber hecho todo eso comencé a aburrirme,
comencé a sentir que toda una eternidad con esa misma rutina terminaría
desquiciándome.
Entonces me dispuse a buscar
otras actividades; abría un pedacito de cielo y averiguaba la vida de mis
conocidos en la tierra, de mis amigos de la escuela, de mi ex novia de la
universidad, de esa chica nerd que siempre me miraba y de la mujer que fue mi
esposa, me sorprendió verla tan feliz, no les contaré nada de lo que vi, les
diré solamente que en ese momento me alegré de estar muerto.
Descubrí con tristeza que pude haber sido más feliz de lo
que fui, que me perdí de mucha diversión, que tomé malas decisiones y que el
mundo era más grande de lo que me dijo el televisor; y ahora estoy aquí, y mi
destino es pasar una eternidad en esta prisión celestial.
No sé, siento que éste lugar no es para mí, una persona
religiosa lo disfrutaría más que yo, mi madre estaría dichosa de poder entrar,
yo me las arreglé para hacerle saber que estoy aquí, pero eso no me hace estar
más tranquilo.
Durante un tiempo, no sé cuantos días pasaron porque en
éste lugar no hay calendario, estuve pensativo, todos me miraban y veían que
era distinto a ellos, hasta que alguien se me acercó y me comentó que las almas
como yo estaban hechas para ir a otro lugar, me dio una dirección y yo fui de
inmediato.
En esa habitación le instalaban las alas a espíritus
inquietos como yo y después de unas pequeñas indicaciones de “como ser un
ángel” uno podía volar y visitar la tierra, a cambio solo debías cuidar a un
pequeño niño hasta que perdiera su inocencia.
Me pusieron las alas, al rato ya sabía volar, recibí las
indicaciones y esperé; al otro día al salir el alba me asignaron a mi pequeño;
de él solo les diré que su nombre es Rafael; pero sí les diré una cosa, no me
sorprendió tanto saber que el cielo era real, lo que si me sorprendió fue saber
que después de todo, eso del ángel de la guarda era cierto.

María soy tu fans número Dos! jajajaja. Me encanta "Después de todo", creatividad, estilo, hilo narrativo de altura. Y sobretodo me hace sonreir tiernamente, que pa sonreir así, a veces cuesta.
ResponderEliminarOjalá abundaran dentistas ingeniosamente dementes o científicos obsesivos que fueran consumidos por el Dorado Mayor para así agregarle más creatividad a la vida, pero el mundo en su sabia decisión decidió proveer de seres imaginativos, como tú. Buena Narración.
ResponderEliminar"Dorado" esta fuera de este mundo. Soy adicta a los finales trágicamente necesarios. Excelente.
ResponderEliminarComo te dije un día: "Dorado" es mi favorito.
ResponderEliminarMariita ;) usas un lenguaje bastante sencillo para contarnos las cosas mas fascinantes!! Tus argumentos son tu fuerte! honestamente yo me volvería un ocho intentando contar las cosas que tu cuentas con tanta facilidad sos un sol!!!
ResponderEliminarJesus A. Lugo
Está muy bueno "Después de todo". Me agrada el lenguaje, hace tus textos muy reales y les da un toque muy peculiar.
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