Biografía
Ramón Rodríguez, Nacido en Punto Fijo
con una edad física de diecisiete años, Fatigoso de mendacidades, que conserva
algunos ideales y un poco de experiencia para seguir viviendo, escéptico
altruista de suntuosas contingencia, que ama la música y no puede vivir sin
afinar en Mi bemol. Aedo cuitado por
gazapo de un vástago mustio, dramaturgo que se está escondiendo en la poesía
detrás de un seudónimo conocido como “Silenciosa compañía” desde hace un año
esperando poder brillar por sí solo,
futuro médico y psicólogo que quiere curar a la locura de esta sociedad
que se ha transformado en una plaga arrasadora.
Un
alma perdida
Estaba
en un gris puente, entre la vida y la muerte, y muchos caminaban tranquilos a
mi lado, Un poco asustado, porque jamás aquí había estado y todo después de un
simple hecho, No sabía si era verdad o lo estaba soñando, tenía un sinfín de
pensamientos en mi cabeza, Pero me concentraba en lo que más me importaba en
ese momento... ¿Dónde está mi amada?
Corrí
apresurado para llegar al final del puente, pero jamás logré encontrarlo, ni
siquiera verlo, solo veía a millones de personas vagando de un lado al otro un
poco angustiadas y hasta parecían locas, no lograba ver ninguna cara conocida
entre el montón y tampoco lograba entender lo que muchas susurraban. De pronto
me topé con un hombre vestido de blanco con una apariencia joven pero a simple
vista con grandes cargos a los hombros de cabello largo y bien vestido, él me
preguntó dónde estaba, pero yo no tenía ni idea, así que pensé que estaba en
las mismas condiciones que yo. Él parecía calmado aunque como con un poco de
prisa.
¿Sabes
dónde te encuentras? –Preguntó el joven–
Yo
no sé donde estoy, solo necesito ayuda para salir de aquí –respondí—
Ven
te mostraré como salir de este
desespero. –dijo–
Él
joven, caminó hasta una uno de los lados del puente y me preguntó cómo había
muerto.
¿Estoy
muerto? –Respondí con asombro–
Él
afirmó y me explicó que ese era el pasaje entre la vida y la muerte, el puente
entre los dos mundo del que tanto se hablaba en vida, pero que ninguna persona
con vida conocía.
Cruzamos
palabras del tema que apenas entendía, y me hizo entender también que si no
veía ni salida ni entrada a ese gran puente se debía por asuntos que no dejaban
mi alma en paz, ¡Chas!, en seguida pensé en mi amada, pero no entendía lo que estaba pasando.
Debes
tener problemas en la tierra que todavía no están resueltos, o cosas que no
dejaste claras a las personas –Comentó el joven–
¿Pero
qué hago ahora? , ¿Cómo resuelvo esos asuntos? –Pregunté un poco exaltado–
Debes
ir al mundo de los humanos–dijo el joven— buscar lo que necesitas y encontrar
la paz que te abrirá el camino en este puente.
Yo
permanecí callado sin intenciones de hablar, porque trataba de seguir los
puntos que él explicaba, y aun así seguía sin saber porque campo de minas
caminaría. Él se alejó como a poco hasta desaparecer de mi vista y no supe qué
hacer luego de ese momento, me quedé pensando en cómo pasó todo eso y en qué
debía resolver.
Desconocía
mucho en aquella andanza y sin perjudicar a nadie solo me quedé imaginando como
sería todo si volviese, mi amada se moriría del susto, mi familia pensaría que
soy un fantasma malévolo o que los quiero atormentar por alguna razón sin
sentido, era más que difícil todo ese trama. Ahora estaba desamparado, y
necesitaba ayuda rápido, no podía quedarme ahí solamente haciendo nada. Luego
de tanto pensar, recordé que había leído algo sobre el río de la vida y la
muerte, que separaba ambos mundos y de toda esa cosa que parece incierto, pero
ahora yo estaba ahí esperando algo que me sacara de allí. Miré abajo junto a la
baranda del puente y pude ver que a unos 50 metros hacia abajo había un río
corriendo sin final. ¿Acaso estaba loco?, fácilmente podía morir a esa
distancia desde el puente, pero ya estaba muerto, y no tenía nada que perder.
Luego
de flaquear unos diez minutos más o menos, decidí zambullirme directo al
río, sin pensarlo mucho. Fue lenta la
caída y miles de cosas pasaron por mi mente, ¿acaso quedaría perdido en la
eternidad en esas aguas?, tenía derecho a
tomarlo como opción, ya que desconocía lo que estaba haciendo. Al tocar
el río no sentí ningún dolor, solo desvanecerse mi cuerpo y como si desplomara
hacía el piso pero sin tocarlo, rápidamente se puso todo blanco y siguió así
unos minutos hasta que poco a poco perdí el conocimiento de todo lo que estaba
pasando, cayendo en un trance infinito para el sentido del tiempo, y del cual
ahora no recuerdo nada, fue como un sueño...
Desperté
y pensé que era un juego de mi mente, y que todo había sido soñado, estaba en mi casa sentado en el sofá que
frecuentaba para leer, me quedé echado un rato en el mismo sitio, al pasar de unos minutos creo conveniente ir
a contarle a mi amada lo que había soñado,
me levanté y caminé hacía la cocina pero no la vi y luego fui al cuarto
donde estaba dormida, era extraño que no sintiese el viento al caminar, y me
acurruqué al lado de mi amada, la cual no despertó con el acto. Intenté
despertar y fue cuando me di cuenta de que algo andaba muy mal esa noche,
porque ella no me podía escuchar, y no podía tocarla, yo era ectoplasma en
estado puro, ahora convencido de lo real que había sido todo, que estaba muerto
y que debía descubrir muchas cosas para poder partir antes de seguir vagando
por la tierra consumiendo tiempo y ocupando espacio en un mundo que no me
pertenecía.
Anduve
por toda la casa recordando muchos momentos hermosos junto a ella, las
películas, las canciones, los libros, los muebles, y me paraba a revivir cada
parte donde habíamos hecho el amor, ya no podía tener esa sensación otra vez,
tan completa y profunda donde hablaban las almas de cerquita, dándonos paz por
el amor que les entregábamos.
Observe
unas cuantas horas hasta el amanecer a mi amada dormir, siempre había sido igual un poco encogida y
con su pierna en contra del torso, como una posición de danzante en retrato. Al
amanecer observé detalladamente todo lo que hacía antes de empezar su rutina,
como preparaba el café, como preparaba desayuno, como se bañaba y como se
vestía, es algo que jamás hice y que podría contemplar todos los días.
Ella
siguió con su rutina diaria, fue a su trabajo en un pequeño colegio como
maestra de pre-escolar, luego almorzó en
la casa, durmió nuevamente y estuvo leyendo por un par de horas, yo no pensaba
en resolver nada, solo quería verla, detalladamente como nunca lo hice, y ahora
que era imposible tocarla, era lo mejor que tenía de por vida, pero no podía
seguir así, no podía verla rehacer su
vida, y verla envejecer, conociendo a sus hijos y a tu nuevo amante,
construyendo la familia que yo pude haberle dado. Pasó ese día y yo presté
atención a todo lo que hizo como rutina, ya la conocía pero era como tener un
“deja vu” hermoso, que repetiría en una cinta por una eternidad completa. Luego
de verla dormir la abracé sin sentir nada, y me quedé hasta el nuevo amanecer.
Esa
mañana me levanté pensando en buscar alguna manera de comunicarme con
ella, necesitaba hacerlo rápido mientras
ella mantenía su vida como siempre, y para que yo pudiese continuar en paz,
todavía no sé qué le diré, ni porque estoy aquí, estoy volviendo a vivir pero
no es mi vida, es otra vida que no me deja partir. Vagué por las calles de la
ciudad que estaban repletas de gente como siempre, personas muy apresuradas por
llegar al trabajo, carros atorados en el tráfico y cornetas aturdiendo todo el
hermoso ambiente de esa mañana fresca.
Era
completamente extraño poder ver a todas las personas, pero no sentirlas,
escucharlas, pero ellas sin poder escucharme, tocar sus caras y para ellos ser
otra caricia del aire, sutil entre sus
cabellos. ¡Todo esto es verdad! Volví a pensar
en tantos de los juegos macabros de mi mente, creí que podía elevarme,
hacer cosas como las películas, tirar objetos, hacer levitar personas, hacer
titilar luces y hasta congelar de frío al tocar personas, pero son
supersticiones, solo podía andar, mirar y escuchar a las personas, como si
fuera en otra más, pero en otro punto del mismo universo.
Me
he cansado de ver tantas caras y ninguna conocida, puede ser posible que en
esta andanza consiga a alguien capaz de comunicarse conmigo y con ella al mismo
tiempo, una persona que esté conectada entre los dos mundos pero que camine
aquí en la tierra, alguien que esté vivo. Caminé por más de tres horas sin
rumbo, ya casi era mediodía, estuve observando bien toda la ciudad en busca de
un letrero o una persona que dijera ser “psíquico” o “médium” para que ayudara, y estuve sin resultado
alguno, y decidí volver a la casa y ver su rutina de llegada.
Estaba
ahí haciéndole juego a la vida, combinando la belleza con lo sublime, impecable
su resultado aunque la notaba triste entre sus quehaceres, aquella comida no
brillaba y no era preparada con ese ingrediente que la hacía mejor, faltante
ese vacío de mi, el reloj corría y con cada sonido que marcaba otro minuto,
veía caer otra lagrima en el plato con nostalgia de esos momentos. Acaricié su
rostro y le dije al oído “estoy contigo”, sabiendo que no obtendría resultado,
pero era lo menos que podía hacer, seguidos unos minutos ella tomó aliento y
siguió un poco más tranquila.
La
existencia es un poco complicada y muchas veces injusta, no dejaba de recordar
todos los momentos de amores y felicidad en esa habitación de nuestra casa, que
ahora era suya en silencio y vacía sin niños corriendo y animales destrozando
los muebles, quizás con otro libro en la colección, todo si no hubiese sido
elegido por el ángel devastador del otro mundo.
Recuerdo que fue en esa
casa, cuando le pedí que fuese mi esposa, ella lloró...
Claro
que quiero serlo – dijo – Nací para esto, nací para encontrarte y para estar en
la eternidad contigo.
Desde
ese momento podía estar completo y con ansias esperar el fin de nuestros días,
pero sin tener idea de que sería así. Todos los días en la mañana la veía al
despertar y la besaba en la frente, nunca me imaginé que estaría sin ella, mucho
menos hacerme la idea de dejarla sola, condenarla a una deuda tan grande como
la falta de mi ser. Pasaba por mi mente qué pensaría ella antes de dormir, que
si pensaba en mí, que si supondría que
podría volver a saber que la amo.
Habían
pasado 3 días desde que estaba en la tierra y sin resolver nada, la nostalgia,
la angustia a favor del tiempo que contaminaba poco a poco mi ser, dejando
claro que estaría en un delirio permanente, y una locura causal debido a toda
esta situación infausta que me rodeaba.
Decidí
salir con ella a la calle, lidiando con todas las personas, las quejas que no
son escuchadas me devastaban y ahora solo necesitaba un poco de ayuda, y sin
poder quejarme, y sin poder decirle a nadie, no sabía que estaba haciendo, y no
lograba entender como haría para resolver un asunto propio que hace días dejó
de pertenecerme, ¿por qué fui castigado así?, a oír sus lágrimas, y oler su “te
echo de menos” y a saborear su ser sin poder comerlo…
Revoloteaba
como ave perdida entre las multitudes dando esperanza para dar con lo que tanto
buscaba, ahora solo tenía que ir detrás de algo que pudiera establecer conexión
con ella, y no podía mantenerme tranquilo y mucho menos partir sin verla
sonreír nuevamente. El día se pasaba poco a poco, y cada cierto tiempo
escuchaba los sonidos de una que otra iglesia, que doblegaba a la campana con
fuertes golpes dictando una hora exacta, un tiempo que ahora era relativo.
Justo
sentí que alguien desvió la mirada hacía mi, cuando corrí detrás de esa
persona, que intentaba escapar sigilosamente de mi, caminamos por unas cuantas
calles como jugando a las escondidas, pero siempre encontrándonos con las
miradas hasta perderla de vista totalmente,
Un
poco decepcionado de eso, decidí sentarme a sollozar en un parque solitario,
justo a los momentos se apareció la chica de aire arisco, pero muy sensible.
¿Estás
bien?-Preguntó–
Claro
que estoy bien, –dije— ¿pero cómo es posible que puedas hablar sin estar
asustada?, ¿Acaso eres como yo?
No sabía ni siquiera que era
yo, menos sabía que era ella, apresuré el dialogo para evitar seguir pensando
cosas y aprovechar la oportunidad que se presentaba en cierto momento. ¿Acaso
esto era lo que me estaba deparado?, sin preámbulos decidí seguir la
conversación…
¿Cómo
tú? –Dijo la joven– Estás loco, además de muerto, loco, pero si puedo verte, en cierta parte, puedo
entenderte, eres totalmente un alma perdida, y cuéntame, ¿por qué estás aquí?
Estoy
solo por mi amada –dije— ¿acaso tú podrías ayudarme?
¿Acaso
soy yo la única que puede verte? –Respondió— deberías de buscar ayuda en
alguien especializado, jamás me ha gustado echarme sustos con ustedes, y poco
me ha gustado lavarle las manos a los demás…
Estaba
un poco esperanzado—dije— pues, porque llevo en esta zozobra unos días, un poco
angustiado todo el tiempo, no sé qué hacer y ahora que te encuentro me tiras en
cara que no quieres ayudarme, sabré entenderlo y no puedo obligarte, pero
recordarás en tu vida que fuiste egoísta conmigo y hasta contigo. Retomo que
puedes seguir caminando como que si jamás me viste, y ahora tomo mi camino
perdido hasta otra flor que tenga polen.
Me
marché como si nada, un poco cuitado, por encontrar tanta ceniza negra en
terreno tan vivo, ahora solo seguiré haciendo lo que estuve haciendo y seguiré
caminando hasta algún sitio donde pueda sentarme y observar la felicidad como
algo pleno, que siempre debí apreciar en este mundo.
Encontré
un parque pequeño donde vi muchos niños jugar, a sus padres sonriendo y me
pregunté; ¿Qué sería de todo esto si hubiese tenido un hijo?, lo amaría hasta
con mi última gota de sangre y le regalaría mi último aliento con un “te amo”
pero estaría dejándolo solo ahora, y un poco indefenso en estas calles con
tanta discordia y caos.
A
veces solo pensamos en nosotros, y nos vamos por el camino más difícil y
dejamos a los queridos botados y cansados que persisten hasta que mueren en el
mismo rumbo que nosotros, siguiéndonos, sin poder alcanzarnos y nosotros sin
prestarle atención de parar y auxiliarlos. Este es uno de esos caminos en el
que yo no podré ser alcanzado y me siento fatal al respecto, pude haber hecho
más con los demás, pude haber esperado por cuantas personas que murieron y
renacieron y que nunca lo supieron. Me extravié en pensamientos sin encontrarle
sentido a toda esta locura que me ahorcaba cada momento más, pero yo seguía
luchando contra la soga que me apretaba y el verdugo que la sostenía, jamás
desistiré sin obtener lo que vine a hacer aquí. De pronto a mi rincón se acercó
la chica y me sonrió, quedé un poco pasmado al instante, no sé que podía buscar
aquí…
¿Quieres
ayuda?-Preguntó-
La
quiero-dije- pero no la tengo, suele ser así, a veces solo es fácil rechazarla,
a veces solo necesitamos tenerla.
Ven
conmigo-Se levanta-, pensaremos en algo hasta que pueda darte esa ayuda…
La
sigo sin decir nada, y así caminamos un poco hasta un conjunto de casitas que
quedaba al cruzar par de cuadras, coloridas y pequeñas, pero cálidas a simple
vista.
Iremos
hasta mi casa-agregó la chica- aquí puedo buscar unos libros de mi abuela, que
jamás he leído pero me dijo que cuando pasara algo así, los hojeara para
entender un poco todo esto de ser mediante entre los mundos.
Entramos
a su morada, donde la esperé sentado hasta que buscara lo que había descrito,
observé todas sus fotos en la pared y muchos de sus discos de la música que
frecuentaba, le encantaba toda música romántica ideal para una noche y un champagne.
Aquí
está-llegó cargando una caja-, ahora a buscar exhaustivamente algo que nos
ayude.
¿Por
qué me ayudarás?-pregunté-
No
está claro-respondió- me conmoviste con lo que dijiste, he sido egoísta muchas
veces en mi vida, por miedo a aceptar que las personas dependen de mí y yo de
ellas.
Le
sonreí y le dije:
Tienes
razón, los miedos siempre nos mantienen lejos de las cosas que son realmente
buenas.
Devolvió
la sonrisa y empezó a rebuscar en la caja de libros, sacaba algunos y los
apartaba a mi lado, mientras yo intentaba conseguir la manera de mantenerme
sereno ante la situación que me estaba llenando de esperanzas por la suerte que
había atrapado, estaba cada vez más cerca de conseguir el final de toda esta
zozobra que había presenciado los últimos días, y agradecido por la ayuda que
me prestaba la chica.
Al
transcurrir estimo de par de horas, ella había mencionado haber encontrado
alguna información justa a la situación pero seguía exhausta leyendo libros que
polvoreaban la luz por su antigüedad, sus páginas indelebles que guardaban toda
una vida de pensamientos y conocimientos humanos.
¡Listo!-exclamó-
Ya sé qué vamos a hacer para hablar con tu esposa, primero necesitamos algunos implementos para
abrir un hueco entre los dos mundos, como especie de un portal para ti, no te
garantizo que vaya a funcionar, pero intentándolo no vamos a perder nada, ahora
bien, tenemos que lograr convencer a tu esposa a que asista a la ceremonia.
Esto
estará difícil—mencioné— llevará un poco de tiempo convencerla ya que jamás
creyó en este tipo de sucesos y ha sido escéptica toda su vida, sería algo muy
loco que aparecieras de la nada diciéndole; “tengo un mensaje de tu esposo
muerto, quiere hablar contigo”, no sería muy convincente que digamos.
Simplemente
hay que intentarlo—alentó ella—puede que no crea en ello, pero sigue enamorada
de ti, hay que hacerle saber que la sigues amando, y que siempre la
acompañarás. Ahora consigamos lo necesario para el ritual, dos espejos, tres velas y una pertenencia
tuya que estuviese conectada contigo, es decir, algún tipo de prenda que usaste
mucho tiempo y le tenías gran afecto.
Perfecto—repiqué—vamos
a movernos rápido, te dejaré el número para que intentes llamarla y hablar con
ella, yo iré a nuestra casa para encontrar el objeto que utilizaremos en el
acto.
Me
fui vagando por las calles pensando en todo lo que había logrado con ayuda, y
conjurando con muchos pensamientos la eventualidad de este suceso que cambiaría
nuestras vidas de una manera u otra, de camino me tomé la libertad de ver todo
por última vez como lo conocía, porque iba a un lugar que ni de imaginármelo.
Al
paso de dos horas decidí volver a mi casa en busca de algún objeto para el
ritual, cuando estuve adentro mi primera impresión no sabía que decir, estuve
paralizado, y ella le dijo a mi mujer “aquí está”, siempre
he estado aquí, ¿cómo lo logró?, mi esposa lloraba y me esperaban con
todo preparado.
¿Qué
objeto usaremos?—me preguntó la chica—recuerda lo que te pedí…
Dile
que busque en la segunda gaveta del armario en mi closet.
No
quería decir nada estaba anonadado por la impresión, al podría cruzar feliz.
Tengo
todo lo que necesitamos—mencionó—comencemos...
Estuve
yo allí con ella, en un espacio y tiempo suspendido, en un cuarto blando donde
le dije; “Te amo, siempre lo haré…” y ella respondió; “yo también lo haré,
¿sabías que espero a tu hijo?, me
pareció injusto no decírtelo antes, estoy feliz”…
Fue
la mejor noticia que pude tener en la vida, y era todo lo que necesité saber
este tiempo en el que me vagaba por la tierra, tendré un hijo, y ahora que sé
que está a salvo, puedo cruzar tranquilo.
Mis
últimas palabras fueron, “Jamás te abandonaré, lo prometo”, y destelló una luz blanca ante mis ojos y me
sentí en paz, brille como una estrella, lloré como un niño que nace y fui feliz
como nunca lo había sido...
Siempre
supe que está deparado cada paso que tomamos, no importa cuál sea el camino
elegido, tenemos mucho por delante, y dejamos mucho atrás, siempre amamos,
odiamos, vivimos y morimos, cometemos
errores y los reparamos, conocemos personas y hasta somos felices aunque muchas
veces lloramos tristes, vemos las estaciones del año pasar muchas veces, y
algunas veces no como esperábamos, pero seguimos luchando, y jamás nos
rendimos, somos ganadores por eso; Las heridas, los golpes, todo esto físico se
convierte en metafísico y te hace renacer el alma, no importa cómo ni cuándo,
pero esta vez, podrás amar mejor, caminar mejor, y vivir la eternidad.
FIN
Silenciosa
compañía
Juré
escuchar tu voz y escribí tu nombre donde yacen mis sueños, oculte la verdad de
lo prohibido y descubrí el secreto escondido, observando el crepúsculo estuve
con la caricia de ese tibio aire. Y aunque ya no pueda esperar a la luna, me
quedo viendo el mar, mi fiel compañero solitario que solo vaga por el mundo, que
sufre por tocar a todos y no ser visto. Ha pasado un día más, un poco más abajo
estas, conozco la realidad, pero no la hago saber, esta es la luz de mis
pensamientos, estos son mis juegos en el
que tú eres el premio.
De pudor
se llena tu orgullo, tus besos sin sentido, tus caminares sin destino, tus
verdades ocultas, tus sublimes sonrisas, tus misiones fallidas. Destellos
luminosos marcan la mañana del siguiente día, miles de sonidos de esta
naturaleza, sigue recorriendo rostros y rostros, y sigue sin encontrar el tuyo,
sigue obviando el amor sincero...

"Un alma perdida" me gustó mucho, es conmovedora, y aunque es una historia muy visual y que ya hemos visto antes, seguramente en el cine, tú con eso del río de la vida le das un toque metafísico que atrae. Usas primero los adjetivos y luego los verbos, y estás en toda la libertad, pero no es a lo que todos estamos acostumbrados, para experimentar, decidí leer al revés tu texto "Silenciosa compañía" y me gustó mucho así. Hay mucha rima en tu prosa, pero si logras lo que quieres; las imágenes me gustan mucho. Sigue adelante!
ResponderEliminarMuchas gracias por el comentario, halagador, para sorprenderte te diré que no soy amante del cine, la mente es mucho mejor que una pantalla. Por otro lado sí, hay que tomarse el hecho de experimentar en esto de escribir, armar tu propio formato. De verdad que encantado de compartir estos comentarios contigo, mil gracias.
ResponderEliminarTodos aquí tenemos un don, algunos lo saber difundir y diluir mas que otros, como es tu caso hermano, siempre te lo he dicho y nunca esta demás recordarlo, tienes excelente mano para esto. Buenas vibras.
ResponderEliminarGracias hermano, como siempre tus comentarios llegando y aprisionándolos como ningún otro. Buenas vibras.
EliminarSaludos. Me gustan tus historias. Pienso que le puedes sacar más provecho a tu talento. Por ejemplo, en Silenciosa compañía, a pesar de ser un texto corto, tiene un excelente contenido que desaprovechas, supongo que es porque desconoces el uso de los signos de puntuación (yo hasta hace un mes creía conocerlos, pero NO, me llevado una gran sorpresa. Ahora no me encuentro en Coro, que es donde vivo, pero en cuanto llegue o si te veo en el evento te paso el nombre de un escritor que ha publicado muy buenos trabajos de redacción (en este momento no lo recuerdo, creo que me saturé jajaja). Eso te ayudará mucho. Me encanta cuando la gente jovén escribe (¡OJO! No tengo 50 años, pero me hubiese gustado comenzar a escribir a tu edad). ¡Éxitos!
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