Biografía
Paula Urdaneta, Nací en
Maracaibo, Venezuela el 22 de Marzo de 1993. Tengo 19 años de edad, estudio en
La Universidad del Zulia del quinto semestre de Letras Hispánicas, a la vez que
hago mi séptimo semestre de Comunicación
Social mención audiovisual en la Universidad Rafael Belloso Chacín.
Escribir ha sido mi sueño
desde que tenía ocho años poco después de leer mi primer libro “El principito”,
y desarrollar un infinito amor por la literatura que sólo fue creciendo con el
tiempo. Me interesa la fotografía, la pintura y no pasa un día sin que escuche
música o que ojea las páginas de algún libro.
Desvanecimiento
Afuera en el inmenso paraje, la noche estaba verde como
poema de Lorca, el miedo me inspiraba unas ondas de calor y frío. Aquí en la
selva, la muerte te esperaba en cada esquina como la luna en el cielo,
vigilante, expectante. Aterrado entre en la casa para apartarme de mis
auguradas parcas. La cabaña en la que resido estuvo abandonada por mucho
tiempo; cosa que me había parecido poéticamente correcta, ella no le pertenecía
a nadie y yo no le pertenecía a nadie, nos podríamos hacer mutua compañía.
Apenas
contaba con los servicios básicos, una estufa, una cama, un pequeño cuarto de
baño y una chimenea, tome un carbón para avivar el fuego casi extinto. La
lluvia se desencadenó en el exterior y sordos sonaban los relámpagos a mis
oídos cansados.
Había venido a vivir al Amazonas en un intento de
alejarme de la monótona vida de la ciudad, tan predecible como un deja-vu. Un
día, en un pasado que parecía una ilusión de lo lejano, me encontré a mí mismo
sentado en un cubículo con un centenar de papeleo por hacer, envejecido y a
donde quiera que mirara todo era gris.
No quería ser uno más transitando en el sendero, como las
vacas caminado rumbo a la boca de la víbora. Quería colores, flores cuyos
pétalos emularan al arcoíris, pero todo
era verde y el poder vivir aquí era inimaginablemente duro, que más que vivir
era subsistir.
Mis dedos se encontraban agarrotados y fríos como piedras
de río, y los brazos estaban llenos de laceraciones en carne viva, fruto del
tratar de encontrar comida en el bosque un trabajo de todos los días,
adentrarme en cavernas y ríos ya era para mí igual que cruzar la calle.
Me recosté en mi pequeña cama arropándome con un par de
viejas mantas, tome una botella de
cerveza y el amarillo líquido me recordaba a los ojos de una mujer de mi vida
pasada. Roxana - Suspiré -. Su nombre sonaba más familiar a mis oídos que el
mío.
Podía verla parada frente a mí mirándome con sus ojos
como gemas de citrino, con su negro y largo cabello recogido en una trenza,
envuelta en un largo vertido azul que recorría finamente todas sus curvas,
delicada, así me gusta recordarla, una imagen de la urbanidad, cuando la vi por
ultima vez estaba de helada plata, una imagen fría e inerte, una imagen muerta.
Me bebí el contenido de la botella de un trago sumiéndome
en un sueño del que esperaba despertar junto a Roxana.
Seis
segundos
Supervivencia. Es un instinto básico que existe dentro de
cada animal en la tierra, y el ser humano es una de las peores mal
intencionadas bestias que abunda en este
planeta.
Cuando creces en un barrio como el mío, sino aprendes a
sobrevivir desde pequeño simplemente terminas como carnada para los peces
grandes, un miembro más de la cadena alimenticia.
Soy seis, por cierto, ese en realidad no es mi nombre,
¡Claro! no sé si alguna vez tuve uno realmente, pero todo el mundo me conoce
como seis, de haber tenido un nombre tampoco lo hubiera dado a conocer, nada
revela más de uno mismo que un nombre, por pequeño que parezca.
Y ahora te preguntaras ¿Por qué seis?, seguramente piensas que si tuvieras la oportunidad de
escoger cómo te conoce el resto de el mundo sería algo mucho mejor que “Seis”
¿Verdad?, no es ninguna clase de postura satanista ni nada por el estilo,
simplemente es como me les presento a las personas, en seis, sí leyeron bien. En
seis segundos.
Siempre me presento cuando los demás están distraídos,
utilizando la oscuridad como mi camuflaje perfecto.
Seis segundos es lo que tardo en alcanzarte y apuntarte
con mi pistola, nunca verás mi rostro, sólo seré una figura desenfocada oculta
entre las sombras del miedo y el terror, ¿Pero el cañón de mi pistola? Eso si
quedará grabado en tu subconsciente a fuego vivo.
Seis segundos es lo que tardo en llegar e irme. Seis
segundos es lo que tardo tomar algo de ti.
Seis segundos pueden cambiar tu vida.
Y ahora, ¿Sigues pensando que seis no es un nombre muy
genial? Pues no querrás conocerme. Así que tienes seis segundos para terminar
de leer.
A
través del retrovisor
No debería estar aquí, no se suponía que esta fuera la
vida que me esperaba. Yo debería estar en Europa visitando museos, viendo el
trabajo de los maestros, tomando vino y comiendo algún mal oliente y elegante
queso en un fino restaurante. Pero aquí estaba, detrás del volante de un taxi
esperando a mi pasajero.
La beca en artes plásticas que solicité en Francia fue
denegada, y la inspiración de la musa era la sombra borrosa del ayer. Entonces
ella entró en el carro, su cuerpo estaba envuelto en ropajes, una camisa manga
larga negra, una falda vaporosa blanca que le llegaba a los tobillos. Ocultando
de la vista cada milímetro de de piel,
como si fuera el secreto del truco de un mago.
-
Adiós mamá-,
se despidió de una versión mayor de ella misma. Su voz era como la melodía de
una sirena, baja y decadente, una invitación a morir ahogado en su sonido.
Su perfume intoxicaba el diminuto espacio del carro, una
picante mezcla de flores muertas y especias encendían el aire como una chispa
en la hierba seca. Estaba empezando a marearme, mis sentidos se encontraban
sobreexcitados.
Apenas y escuché a dónde se dirigía. ¿La universidad? Sí,
eso dijo.
Aceleré, tratando de prestar atención al camino, pero no
distraerme con la imagen en el retrovisor estaba resultando de un esfuerzo
heroico.
La muchacha tenía el cabello corto como un hombre, de un
rubio tintado que parecía blanco, sus ojos resaltaban como dos posos de
oscuridad, como dos gemas de ónix, las pecas se esparcían por su rostro de
forma descuidada como si un pintor le hubiese chispeado adrede sus facciones
para darle un toque cándido.
“Concéntrate Mario, ¡concéntrate! Vista en el camino”, me
recriminé a mí mismo.
Y como si de un intento de enloquecerme se tratara, se
empezó a desvestir, despojándose de sus muchas capas de ropa. Piel blanca y
cremosa es revelada, piel tentadora que rogaba ser acariciada, besada,
excitada. Debajo de su larga falda existía otra mucho más corta, más pecas
fueron reveladas como constelaciones por explorar en las que navegan muchas
formas que el hombre desconoce.
Su camisa manga larga fue cambiada por un top de
tirantes, su sostén se asomaba sinuoso por un escote pronunciado, pechos
pequeños pero firmes. Su figura era delgada, un tanto andrógina como las ninfas
de la mitología griego un ángel bíblico.
Ese era su disfraz, el de un ángel, un ángel que anhelaba
caer y pecas.
El tiempo se acababa, la carrera terminaría, debía hacer
algo ¡Debía! Un profundo temblor nervioso arremetió todo mi cuerpo, las manos
me escocían por tocarla.
No hice nada, la llevé a su destino, me pagó y nos
despedimos con un témpano de silencio.
Pasé todo el día pensando en ella, toda la noche, todas
las horas, todos los minutos, todos los segundos.
Consumido por el recuerdo de esa celestial criatura, la
chica andrógina y sensual, del edificio azul, en la calle sesenta con avenida
setenta y siete, de la ciudad cuyo nombre no importa.
Esa noche hice un boceto de su rostro, el primero de lo
que sería una colección, el primero de lo que fueron meses sin dibujar, el
primero que inspiró mi nueva musa.

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ResponderEliminarPor ser el primero en comentar la Obra que nos presenta Paula, asumo el compromiso de argumentar mi comentario -por muy banal, vacio o llano que pueda ser el mismo-, diré que sus relatos cumplen de una u otra forma con la formula "Sine qua non" de contar. La narrativa siempre va a girar en torno a una situación que busca desarrollarse con cierto efecto -creado por el autor-, solo el autor conoce la estructura, el corpus, el andamiaje de su creación y por ende el efecto que quiere darle o atribuirle a su producto final; lo que cuenta. Si no se percibe ningún tipo de "angustia" en un conato de líneas paralelas y agrupadas con el fin de idealizarse como "cuento" entonces, no lo es!
ResponderEliminarExiste en este caso una narración específica; SEIS SEGUNDOS, que desarrolla una situación, desarrolla una angustia y por naturalidad de la palabra consigue un efecto, es decir, muestra cierta sorpresa, hallando así, transgredir, violar e irrumpir el orden de la realidad, papel fundamental de la literatura.
saludos Paula!
Coincido con el pana Iván. Muy peculiares tus escritos, sobre todo el de 6 segundos! Es llamativo el recurso introspectivo que usas en los personajes. Por espacios de la obras llegan incluso a ser monólogos. No sé si usas el recurso concientemente, pero con el simple hecho de utilizarlo indica que tienes la semilla... sería fino que vinieras al evento personalmente! Un abrazo. Buenas vibras para Voz
ResponderEliminarMarico... ¿Qué habláis?
ResponderEliminarUsas las metáforas y los adjetivos de una manera que yo no puedo, tenemos estilos distintos pero definitivamente el tuyo se gana mis respetos. Muy bueno "Seis segundos".
ResponderEliminarVanessa Pérez.
Espectacular SEIS SEGUNDOS. Desde mi punto de vista es un relato de corte social. Muy bueno. Saludos Paula!!
ResponderEliminarOk, tal ves no pueda hacer un comentario como el de Ivan je je pero quien puede? De pana usaste la palabra sine qua non? de pana? je je...well well... je je Paulita no es un secreto para nadie que sos una experta manejando el lenguaje y tus metáforas son geniales! es como si grabaras una película ya tu tienes la cámara, sabes como contar, quizas deberias buscar otras historias para grabar con tu supercamara, porque de pana transmites muy buenas imágenes. Seis minutos impacta, bien bueno!!
ResponderEliminarJesus A. Lugo. o jesus (coro) en el blog je je