15/4/12

YOEMIR (CORO)



Biografía

Yoemir Sibada. Nacido en Coro en los años 80. Amante de la literatura, de la bebida y fiel fanático de Charlie Harper.


Claustrofobia
¿Donde estoy? Preguntó, mientras su viuda le dada la espalda.
Ley
Las mujeres son de quien las desea, de nadie mas.

Portal

       Hoy, al igual que todas las mañanas, el sonido trepidante de los vehículos que pasan sobre el techo de mi casa me despierta de golpe. Somnoliento tomo mi pipa artesanal  (aun cargada de fantasía) para mirar el portal ondulante que me separa de la realidad matutina.  Al levantarme puedo ver que  en unas de las esquinas de la habitación se encuentra el  cadáver de un perro, que exhibe sus costillas en medio de un coctel de gusanos que comen con vehemencia la carne podrida. Un  frio punzante invade mi estomago al pensar que en cualquier momento  podría correr con la misma suerte.
        Salgo de la habitación y me encuentro en algo que parece ser la ciudad, ruidos vehiculares y la agitación enfermiza de la muchedumbre que camina en diferentes direcciones.  Decido seguir al grupo de personas que entran atropelladamente a la estación del tren. Todo parece tan real, pero nadie puede verme, nadie me ve, es como si fuese un fantasma, ¿o es que acaso lo soy? Esta posibilidad mi intriga. Paso entre la multitud y decido lanzarme a los rieles del tren mientras éste se acerca a toda velocidad. El suelo se agita, las personas gritan y puedo ver la cara de asombro del operador que me mira con espanto. Lo he comprobado, no hay duda ¡soy un fantasma!

Entre Pranes y Aceitunas

        La mañana avanza y el calor aumenta paulatinamente mostrando las primeras imagines de la vieja ciudad. Por cuestiones del destino hoy estoy aquí, fumándome un cigarro frente al viejo reclusorio de la ciudad esperando la hora de la visita. Sabía que no seria una experiencia placentera, pero una vez aquí la situación se torna grotesca al ver tanta marginalidad aglomerada. Es desagradable tener que ver, o peor aun, tener que pernoctar con tantos hombres y mujeres de diferentes edades con sus bolsas, sabanas, filtros y recipientes llenos de comida, con la esperanza de poder ver a sus familiares que se encuentran  hospedados en ese maldito lugar.
     Suena mi teléfono, es el contacto:
-          ¡Alò! ¡Sí, aquí estoy!
-          ¡Claro, traje las lucas!
-          ¿De último?
-          ¡Okey está bien, te aviso al salir!
      Se acerca la hora y mi tensión aumenta. Todas las personas comienzan a formarse obedeciendo las órdenes que son gritadas  desde el interior del recinto. Lentamente me coloco al final de la fila siguiendo las instrucciones del contacto, según él para no levantar sospechas, argumento que consideré ridículo desde el principio. La fila avanza entre gritos y quejas, al llegar al portal de la puerta me encuentro con una aceituna  de baja estatura y de gordura ridícula,  me toma por el hombro y sin decir una palabra me lleva al interior de una oficina. Ahí dentro se encontraba otra aceituna de tres pepas sentado detrás de un escritorio lleno de papeles, que, por la actitud sumisa que asumió repentinamente la que me estaba escoltando, supuse que era de mayor  rango.
-          ¡Requísalo!.- Ordenó esto a su subalterno  desde su escritorio, sin quitar la mirada de la pila de papeles.
-          ¡Contra la pared!
-          ¡Abre las piernas niño bonito!
-          ¿A que vienes?
-          ¿A darle culo a algún recluso?
-          ¡Vengo a hacer negocios¡ respondo aún perturbado por la pregunta.
-          ¿Negocios?
-          ¿En la cárcel?
-          ¿Que tipo de negocios?
-          ¿Venderle el culo a los reclusos?
-          ¡No preguntes tantas guevonadas sargento! Grita  el tipo desde escritorio.
-          ¡Entendido! responde éste  con sarcasmo mientras continúa requisándome.
-          ¡Mira lo que tenemos aquí¡ dijo esto al tocarme el koala donde traigo las Lucas.  
-          ¡Deja eso ahí!
-          ¡No creo que al Pran le guste que juegues con su dinero! Digo esto para evitar que el muy guevón me robe.
A éste le parece gracioso el comentario y comienza a reírse bruscamente mientras me dice:
-          ¡No seas mariquita niño bonito, no pienso robarte!
-          ¡Además, ¿que coño vas a saber tu quien es el Pran?
-          ¡El Pran puede tener mil rostros!
 Este último comentario me desconcierta, tenia razón, cualquier persona dentro de esta mierda podía ser el fulano Pran.
-          ¡Esta mariquita esta limpia!
-          ¿Lo llevo?
-          ¡Si, llévalo! responde la aceituna desde su escritorio aun sin quitar la mirada de la pila de papeles.
  Salimos de la oficina y mi escolta llama a un recluso que se encuentra sentado cerca de la puerta ¡Ven acá maldito perro! Lleva a este a hablar con el Pran, esta limpio. El reo se acerca lentamente mientras observo el arma que trae en la cintura la cual acaricia como masturbador crónico a su pene. Aterrorizado e incrédulo avanzo detrás de él no sin antes escuchar las recomendaciones de la aceituna:
-          ¡Escucha niño bonito!
-          ¡Aquí el dinero es tu licencia, no te estaciones mal, ni te tragues la luz! ¿Entendido?
-          ¡Entendido! respondo mecánicamente sin comprender ni una sola palabra.
     Nos internamos en un largo pasillo maloliente y húmedo, pasando por varias celdas atestadas de reclusos que gritan obscenidades al vernos pasar, situación que empeoraba al acercarnos a lo que parecía el  patio central del reclusorio.  Aquí el reo se detiene y me dice:
-          ¡No te muevas de aquí, él te buscará! y éste se interna en uno de los calabozos.
 ¿Ahora que hago en esta mierda?
Me pregunto al ser invadido por  un profundo terror al encontrarme solo e indefenso en ese lugar. Antes de poder controlarme, se me acerca un tipo de mediana estatura, ojos claros y de contextura delgada. Es aquí donde mi terror  aumenta, mi cuerpo se paraliza y mi garganta se cierra hasta el punto de no poder emitir un simple sonido al verlo aproximarse. Tal como los perros, éste me mira y percibe mi miedo y sonríe. Al saber que en mi condición  no puedo contestar ni una sola  pregunta, me indica que lo siga y con mucha dificulta lo hago. Al entrar en su habitación me ordena que me siente mientras enciende varias velas en un raro altar lleno de collares de diversos colores y de santos que no reconozco.
  Una vez sentado trato de calmarme, pues era necesario mostrar seguridad para concretar el negocio. El Pran después de encender las velas  me ofrece un trago de Whisky  Buchanas 18 años mientras me pregunta:  
-          ¿Que tipo de negocio quieres hacer conmigo?
 Había ensayado tanto esa frase que  en ese momento no sabía que decir, hasta que atiné y respondí
-          ¡Quiero que elimines  al maldito que mató a mi Brother !
El Pran soplando una varita de incienso me pregunta:
-          ¿Cual? ¿El que mató al chamo para robarle el reloj?
-          ¡Si, ese mismo! respondo bajando la cara. ¡Si, ese cabròn es uno de mis inquilinos!
-          ¿Ya el contacto te dijo la tarifa?
-          ¡Si, y aquí traigo las Lucas!
-          ¡Muy bien sácalo!
 Meto mi mano en el koala para sacar la bolsa con el dinero, una vez fuera lo dejo caer sobre una mesa, éste lo toma y lo guarda debajo del colchón.
-          ¿No lo vas a contar? Pregunto.
-          ¡No!
-          ¡Recuerda el consejo de la aceituna!
-          ¡Tu dinero es tu licencia, no te estaciones mal, ni te tragues una luz!
Solo ahora comprendo a que se refería el muy maldito. Luego me pregunta:
-          ¿Como la quieres?
-          ¿Como quiero qué? Respondo contrariado.
-          ¡La muerte!-  Responde como si la pregunta hubiese sido estúpida.
-          ¡No se! ¿Acaso tienen una carta o una especie de menú para eso?
-          ¡Algo así! responde mientras sonríe.
-          ¡Déjame explicártelo de esta manera niño lindo! (acariciando un feo muñeco de color indescifrable) ¡Muchas personas tienen un arte, escritores, pintores que los hace grandes, mi arte es la muerte!
-          ¿Entiendes?
-          ¡Claro! respondo sorprendido.
-          ¿Entonces como la quieres?
-          ¡Imagina que fue a tu hermano! respondo, este sonríe y responde: escogiste mal ejemplo, pero entiendo a que te refieres.   
-          ¡Está bien, es un trato! ¡Pronto ese pajarito dejará de cantar!
   Salimos de la habitación y aun no puedo creer la extraña conversación que he tenido allí dentro. Casi automáticamente llega el mismo reo que me trajo para llevarme a la salida, el pran se despide y me dice:
-          ¡Fue un placer hacer negocios contigo!
-          ¡Igual! contesto sin mirarlo.
Antes de entrar al pestilente pasillo veo en la sala de visitas a los familiares y prisioneros compartiendo y disfrutando de la visita. Esta escena me produce una terrible sensación de odio, mientras pienso que en medio  de toda  esa basura social se encuentra el maldito que mató a mi hermano con sus familiares. Los observo con morbo, pensando que estos últimos no tendrán la necesidad de venir el próximo domingo a las visitas. Esto me reconforta y continúo mi camino.
    Una vez en la salida la aceituna  me pregunta:
-          ¿Qué pasó niño lindo? ¿Ya le repartiste culo a los reclusos?
-          ¡Vete a la mierda cabròn! Contesto saturado de tanta basura.
  Aun  fuera y lejos de la cárcel puedo escuchar la risa exagerada del muy maldito. Le marco al contacto:
¡Avísame cuando deje de cantar el pajarito!
 Ya todo esta hecho, no hay marcha atrás.  Justo en ese momento pienso en la frase de Mahatma Gandhi “Ojo por ojo y el mundo quedará ciego” a la mierda con eso. Continúo apresuradamente mi camino aunque sin rumbo fijo, con un único propósito, alejarme lo antes posible de toda esa marginalidad  y de toda esa basura social presente en ese maldito recinto.

4 comentarios:

  1. Supongo papa, supongo, que así como relatas es como se negocia con la vida de las personas.Sea cual sea el bando. Me impresionó que yo sabía qué es un Pran más no una aceituna! Maginate vos!

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    1. hola mama. eso lo unico que significa es que tu siempre has estado del lado de los maleantes y no de la ley, aunque como esta la cosa lo unico que los diferencia es el uniforme. jajaja

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  2. Sibada Guanipa después hablamos de ese texto que se llama Ley jajajajaja Interesante....... Y Yara, de ti no me extraña, siempre fuiste mala conducta.

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    1. Jamás he estado del lado del mal. Siempre he amado la justicia, el honor y la verdad. Lo aprendí viendo los Superamigos, lo que sucede es que ahora me cambiaron todo. Y el mundo ama y admira al Pran y al Capos. Entonces ya las aceitunas no comen cambur! Osea hello!

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