Biografía
Yoemir Sibada. Nacido en Coro en los años 80. Amante
de la literatura, de la bebida y fiel fanático de Charlie Harper.
Claustrofobia
¿Donde estoy? Preguntó, mientras su viuda le dada la
espalda.
Ley
Las mujeres son de quien las desea, de nadie mas.
Portal
Hoy, al
igual que todas las mañanas, el sonido trepidante de los vehículos que pasan
sobre el techo de mi casa me despierta de golpe. Somnoliento tomo mi pipa
artesanal (aun cargada de fantasía) para
mirar el portal ondulante que me separa de la realidad matutina. Al levantarme puedo ver que en unas de las esquinas de la habitación se
encuentra el cadáver de un perro, que
exhibe sus costillas en medio de un coctel de gusanos que comen con vehemencia
la carne podrida. Un frio punzante
invade mi estomago al pensar que en cualquier momento podría correr con la misma suerte.
Salgo
de la habitación y me encuentro en algo que parece ser la ciudad, ruidos
vehiculares y la agitación enfermiza de la muchedumbre que camina en diferentes
direcciones. Decido seguir al grupo de
personas que entran atropelladamente a la estación del tren. Todo parece tan
real, pero nadie puede verme, nadie me ve, es como si fuese un fantasma, ¿o es
que acaso lo soy? Esta posibilidad mi intriga. Paso entre la multitud y decido
lanzarme a los rieles del tren mientras éste se acerca a toda velocidad. El
suelo se agita, las personas gritan y puedo ver la cara de asombro del operador
que me mira con espanto. Lo he comprobado, no hay duda ¡soy un fantasma!
Entre
Pranes y Aceitunas
La mañana avanza y el calor aumenta paulatinamente
mostrando las primeras imagines de la vieja ciudad. Por cuestiones del destino
hoy estoy aquí, fumándome un cigarro frente al viejo reclusorio de la ciudad
esperando la hora de la visita. Sabía que no seria una experiencia placentera,
pero una vez aquí la situación se torna grotesca al ver tanta marginalidad
aglomerada. Es desagradable tener que ver, o peor aun, tener que pernoctar con
tantos hombres y mujeres de diferentes edades con sus bolsas, sabanas, filtros y
recipientes llenos de comida, con la esperanza de poder ver a sus familiares
que se encuentran hospedados en ese
maldito lugar.
Suena mi teléfono, es el contacto:
-
¡Alò!
¡Sí, aquí estoy!
-
¡Claro,
traje las lucas!
-
¿De
último?
-
¡Okey
está bien, te aviso al salir!
Se
acerca la hora y mi tensión aumenta. Todas las personas comienzan a formarse obedeciendo
las órdenes que son gritadas desde el
interior del recinto. Lentamente me coloco al final de la fila siguiendo las
instrucciones del contacto, según él para no levantar sospechas, argumento que
consideré ridículo desde el principio. La fila avanza entre gritos y quejas, al
llegar al portal de la puerta me encuentro con una aceituna de baja estatura y de gordura ridícula, me toma por el hombro y sin decir una palabra me
lleva al interior de una oficina. Ahí dentro se encontraba otra aceituna de
tres pepas sentado detrás de un escritorio lleno de papeles, que, por la
actitud sumisa que asumió repentinamente la que me estaba escoltando, supuse
que era de mayor rango.
-
¡Requísalo!.-
Ordenó esto a su subalterno desde su
escritorio, sin quitar la mirada de la pila de papeles.
-
¡Contra
la pared!
-
¡Abre
las piernas niño bonito!
-
¿A
que vienes?
-
¿A
darle culo a algún recluso?
-
¡Vengo
a hacer negocios¡ respondo aún perturbado por la pregunta.
-
¿Negocios?
-
¿En
la cárcel?
-
¿Que
tipo de negocios?
-
¿Venderle
el culo a los reclusos?
-
¡No
preguntes tantas guevonadas sargento! Grita el tipo desde escritorio.
-
¡Entendido!
responde éste con sarcasmo mientras
continúa requisándome.
-
¡Mira
lo que tenemos aquí¡ dijo esto al tocarme el koala donde traigo las Lucas.
-
¡Deja
eso ahí!
-
¡No
creo que al Pran le guste que juegues con su dinero! Digo esto para evitar que
el muy guevón me robe.
A éste le parece
gracioso el comentario y comienza a reírse bruscamente mientras me dice:
-
¡No
seas mariquita niño bonito, no pienso robarte!
-
¡Además,
¿que coño vas a saber tu quien es el Pran?
-
¡El
Pran puede tener mil rostros!
Este último comentario me desconcierta, tenia
razón, cualquier persona dentro de esta mierda podía ser el fulano Pran.
-
¡Esta
mariquita esta limpia!
-
¿Lo
llevo?
-
¡Si,
llévalo! responde la aceituna desde su escritorio aun sin quitar la mirada de
la pila de papeles.
Salimos de la oficina y mi escolta llama a un
recluso que se encuentra sentado cerca de la puerta ¡Ven acá maldito perro!
Lleva a este a hablar con el Pran, esta limpio. El reo se acerca lentamente
mientras observo el arma que trae en la cintura la cual acaricia como
masturbador crónico a su pene. Aterrorizado e incrédulo avanzo detrás de él no
sin antes escuchar las recomendaciones de la aceituna:
-
¡Escucha
niño bonito!
-
¡Aquí
el dinero es tu licencia, no te estaciones mal, ni te tragues la luz! ¿Entendido?
-
¡Entendido!
respondo mecánicamente sin comprender ni una sola palabra.
Nos
internamos en un largo pasillo maloliente y húmedo, pasando por varias celdas
atestadas de reclusos que gritan obscenidades al vernos pasar, situación que
empeoraba al acercarnos a lo que parecía el patio central del reclusorio. Aquí el reo se detiene y me dice:
-
¡No
te muevas de aquí, él te buscará! y éste se interna en uno de los calabozos.
¿Ahora que hago en esta mierda?
Me pregunto al ser
invadido por un profundo terror al encontrarme
solo e indefenso en ese lugar. Antes de poder controlarme, se me acerca un tipo
de mediana estatura, ojos claros y de contextura delgada. Es aquí donde mi
terror aumenta, mi cuerpo se paraliza y
mi garganta se cierra hasta el punto de no poder emitir un simple sonido al
verlo aproximarse. Tal como los perros, éste me mira y percibe mi miedo y
sonríe. Al saber que en mi condición no
puedo contestar ni una sola pregunta, me
indica que lo siga y con mucha dificulta lo hago. Al entrar en su habitación me
ordena que me siente mientras enciende varias velas en un raro altar lleno de
collares de diversos colores y de santos que no reconozco.
Una vez sentado trato de calmarme, pues era
necesario mostrar seguridad para concretar el negocio. El Pran después de
encender las velas me ofrece un trago de
Whisky Buchanas 18 años mientras me
pregunta:
-
¿Que
tipo de negocio quieres hacer conmigo?
Había ensayado tanto esa frase que en ese momento no sabía que decir, hasta que
atiné y respondí
-
¡Quiero
que elimines al maldito que mató a mi Brother
!
El Pran soplando una
varita de incienso me pregunta:
-
¿Cual?
¿El que mató al chamo para robarle el reloj?
-
¡Si,
ese mismo! respondo bajando la cara. ¡Si, ese cabròn es uno de mis inquilinos!
-
¿Ya
el contacto te dijo la tarifa?
-
¡Si,
y aquí traigo las Lucas!
-
¡Muy
bien sácalo!
Meto mi mano en el koala para sacar la bolsa
con el dinero, una vez fuera lo dejo caer sobre una mesa, éste lo toma y lo
guarda debajo del colchón.
-
¿No
lo vas a contar? Pregunto.
-
¡No!
-
¡Recuerda
el consejo de la aceituna!
-
¡Tu
dinero es tu licencia, no te estaciones mal, ni te tragues una luz!
Solo ahora comprendo
a que se refería el muy maldito. Luego me pregunta:
-
¿Como
la quieres?
-
¿Como
quiero qué? Respondo contrariado.
-
¡La
muerte!- Responde como si la pregunta
hubiese sido estúpida.
-
¡No
se! ¿Acaso tienen una carta o una especie de menú para eso?
-
¡Algo
así! responde mientras sonríe.
-
¡Déjame
explicártelo de esta manera niño lindo! (acariciando un feo muñeco de color
indescifrable) ¡Muchas personas tienen un arte, escritores, pintores que los
hace grandes, mi arte es la muerte!
-
¿Entiendes?
-
¡Claro!
respondo sorprendido.
-
¿Entonces
como la quieres?
-
¡Imagina
que fue a tu hermano! respondo, este sonríe y responde: escogiste mal ejemplo,
pero entiendo a que te refieres.
-
¡Está
bien, es un trato! ¡Pronto ese pajarito dejará de cantar!
Salimos de la habitación y aun no puedo creer
la extraña conversación que he tenido allí dentro. Casi automáticamente llega
el mismo reo que me trajo para llevarme a la salida, el pran se despide y me
dice:
-
¡Fue
un placer hacer negocios contigo!
-
¡Igual!
contesto sin mirarlo.
Antes de entrar al
pestilente pasillo veo en la sala de visitas a los familiares y prisioneros
compartiendo y disfrutando de la visita. Esta escena me produce una terrible
sensación de odio, mientras pienso que en medio
de toda esa basura social se
encuentra el maldito que mató a mi hermano con sus familiares. Los observo con
morbo, pensando que estos últimos no tendrán la necesidad de venir el próximo
domingo a las visitas. Esto me reconforta y continúo mi camino.
Una vez en la salida la aceituna me pregunta:
-
¿Qué
pasó niño lindo? ¿Ya le repartiste culo a los reclusos?
-
¡Vete
a la mierda cabròn! Contesto saturado de tanta basura.
Aun fuera y lejos de la cárcel puedo escuchar la
risa exagerada del muy maldito. Le marco al contacto:
¡Avísame cuando deje
de cantar el pajarito!
Ya todo esta hecho, no hay marcha atrás. Justo en ese momento pienso en la frase de Mahatma
Gandhi “Ojo por ojo y el mundo quedará ciego” a la mierda con eso. Continúo apresuradamente
mi camino aunque sin rumbo fijo, con un único propósito, alejarme lo antes
posible de toda esa marginalidad y de
toda esa basura social presente en ese maldito recinto.

Supongo papa, supongo, que así como relatas es como se negocia con la vida de las personas.Sea cual sea el bando. Me impresionó que yo sabía qué es un Pran más no una aceituna! Maginate vos!
ResponderEliminarhola mama. eso lo unico que significa es que tu siempre has estado del lado de los maleantes y no de la ley, aunque como esta la cosa lo unico que los diferencia es el uniforme. jajaja
EliminarSibada Guanipa después hablamos de ese texto que se llama Ley jajajajaja Interesante....... Y Yara, de ti no me extraña, siempre fuiste mala conducta.
ResponderEliminarJamás he estado del lado del mal. Siempre he amado la justicia, el honor y la verdad. Lo aprendí viendo los Superamigos, lo que sucede es que ahora me cambiaron todo. Y el mundo ama y admira al Pran y al Capos. Entonces ya las aceitunas no comen cambur! Osea hello!
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